|
| |
ENTREVISTA:
UN
CAFÉ CON... ILAN STAVANS
Ilán Stavans tiene la cátedra Lewis-Sebring en Amherst College.
"El spanglish is
my face;
mi corazón, mi identidad"
GABRIELA CAÑAS 16/06/2008 
A la hora del café,
ya nadie pide un expreso en la mesa 17. Ilan Stavans sale del taxi con
aspecto de guiri, camisa en tonos verdes y maletón de los que hay que
facturar sí o sí. Viene de Barcelona; antes, de Chile y antes de eso,
de Massachusetts. Pasa por Madrid fugazmente antes de volar otra vez
hacia Tel Aviv. Sólo las gafas denotan su naturaleza profesoral. Aterriza
en el céntrico Café Gijón de Madrid, un lugar de reminiscencias
literarias donde el camarero de turno se inquieta por el abultado equipaje
y la estrecha comanda. Ilan Stavans pide una gaseosa y le traen un agua
mineral con gas. El avión y los aeropuertos le han deshidratado. La
funcionaria de la Embajada americana que nos ha puesto a tiro a este
lingüista titular de la pionera cátedra de Spanglish de la Universidad
de Massachusetts ha pedido una tónica. Cuenta que al día siguiente
Ilan Stavans concederá dos entrevistas a Radio Sefarad de Madrid; una
en español sobre temas culturales; otra en inglés, sobre asuntos varios.
El titular de la primera
cátedra de Spanglish cree que el español retrocede
Stavans (México, 1961)
trabaja ahora en la literatura judía de la diáspora, pero también
es escritor, crítico cultural, lingüista (ya está dicho) y especialista
en Spanglish, que es la faceta que más impresiona aquí y la que mayor
desprecio le ha reportado. La traducción al spanglish de Don Quijote
de la Mancha, "of which nombre no quiero remembrearme",
es para muchos puristas un sacrilegio o, peor todavía, una auténtica
chorrada. "To come to España y hablar de spanglish es ser Quixote",
confiesa. "People in la Península just don't get it, no les entra
en la head que en los Unaited Estados la civilización latina is a new
way de ser hispano. Ser atacado is an inspiration".
Está acostumbrado
al desdén. Pero su trabajo y los datos, dice, hablan por sí solos:
45 millones de personas en Estados Unidos hablan algún tipo de spanglish.
Hace años empezó siendo una necesidad por el desconocimiento del inglés
por parte de los hispanos que emigraban al norte, pero hoy es una alternativa.
Afirma que en Estados Unidos se está perdiendo el español -una lástima;
él es un apasionado del castellano- y que graduarse en Spanglish ya
es allí una herramienta que facilita encontrar empleos de calidad.
El gran motor del spanglish
es el electoralismo y el interés mercantil. Obama y McCain lo están
usando en su carrera electoral. Saca de su bolsa de viaje tarjetas Hallmark
de las que se usan para felicitar el cumpleaños o la Navidad. Todas
están en spanglish. ¿De qué nos asustamos los españoles? "Toda
la publicidad de Vueling es puro spanglish", sonríe.
Debe correr a la Casa
de América a dar una conferencia y no ha tenido tiempo de pasar por
el hotel para ducharse, pero está dispuesto a cambiarse en un cuarto
de baño con tal de seguir la charla sin prisas. Le he pedido que me
escriba en spanglish las frases antes citadas por él, aunque algunas
son de nueva inspiración: "My name es Ilan Stavans, lingüista,
cultural critic y revoloteador". Antes de marcharse le aseguro
que me ha resuelto la entrevista él mismo, y entonces bromea: "Bueno,
entonces ya me pasarás las regalías". La funcionaria de la embajada
comenta que en España más bien se usa el término "derechos de
autor" o, más simplemente, copyright.

| Véase el relato Xerox Man de Ilan Stavans en esta edición |
| E
N T R E V I S T A |
Ilan Stavans
"No sé
qué será del SPANGLISH en el futuro, lo que sí sé es que
desempeña un papel de notable importancia en el presente"
por agnes marx & ernesto escobar ulloa
Ilan Stavans (México) ejerce la catedra Lewis-Sebring de cultura latinoamericana
en Amherst College, Massachusetts. De su obra, traducida a media docena
de idiomas, destacan los títulos: The Hispanic Condition, The Oxford
Book of Latin American Essays, Mutual Impressions, la autobiografia On Borrowed Words: A Memoir of Language, The Scroll and the Cross: 1,000
Years of Jewish-Hispanic Literature , The Essential Ilan Stavans etc. En 2004 aparecerán su Encyclopedia
Latina e Ilan Stavans: Eight Conversations, de Neal Sokol.
Su libro Spanglish: The Making of a New American Language ha
tenido una extraordinaria acogida, y provocado asimismo, como ocurre
con sus artículos y estudios, o como ocurrió con la traducción al
spanglish del primer capítulo de Don Quijote de La Mancha, un
animado fuego cruzado entre defensores y detractores.
The Barcelona Review, en este número especial dedicado al spanglish,
pretende aproximarse a la actualidad de la simbiosis cultural anglo-latina
en Estados Unidos, de la que Ilan Stavans es, hoy por hoy, una referencia
obligada.
TBR: Al principio te dedicas
al tema de la cultura hispánica al
sur y norte del río bravo: la tradición intelectual iberoamericana
de Andrés Bello en adelante (The Oxford Book of Latin American Essays), la identidad latina en Estados Unidos (La condición hispánica),
después analizas tu herencia hebraica (The Essential
Ilan Stavans y On Borrowed Words), y de pronto llegas al spanglish, ¿cómo?
IS: En efecto, el spanglish es para mí no un principio sino
una consumación. Empecé a pensar seriamente en él a mediados de los
noventa. Mi primera impresión era que mostraba semejanzas con el yiddish.
Viví en Londres con una beca Guggenheim a fines de esa década. Me
dediqué de lleno a la autobiografía, donde me propuse explicar mi
trayectoria personal desde la perspectiva verbal: los idiomas de mi
infancia y adolescencia fueron el yiddish y el español; luego vino
el hebreo, y finalmente apareció el inglés en 1985, cuando abandoné
mi México natal y me mudé a Nueva York. Curiosamente mientras avanzaba
el manuscrito de On Borrowed Words más atraído me sentía al
spanglish. En aquel momento no supe por qué pero ahora lo entiendo.
La autobiografía muestra cómo las lenguas compartamentalizan nuestras
vidas. El yiddish y el español jamás se mezclaban en mi niñez. Tanto
mis padres como mis maestros hacían lo posible por mantener separadas
estas lenguas. ¿Por qué tanto afán? ¿Cómo explicar nuestro rechazo
a las lenguas que se mezclan? ¿De dónde viene la actitud que tomamos
ante criollismos como el franglais, el spanglish o el portuñol, que
frecuentemente son descritas como meras "corrupciones" lingüísticas?
Fue a mi regreso de Londres a los Estados Unidos cuando me propuse analizar
el fenómeno del spanglish. Al hacerlo mi horizonte intelectual se abrió:
me di cuenta que el español del siglo XIII, por ejemplo, era una modalidad
similar al spanglish actual; también me sentí atraído por los diccionarios:
¿qué función cumplen socialmente? ¿Quién los hace y quién los
consume? ¿Qué historia tienen en las diferentes culturas? Por ejemplo,
¿qué hay detrás del diccionario del Doctor Johnson o del de Noah
Webster, quien por cierto plagió más de lo debido de sus antepasados
directos?
TBR: Respecto al
spanglish, cómo definirías su situación actual en los Estados Unidos?
IS: Su diversificación es asombrosa: de una jerga callejera
de escasa estimación, ha pasado a convertitrse en la última década
en un fenómeno cultural decisivo. Las variantes nacionales empiezan
a confluir en el spanglish mediático que apunta a una especie de estandarización
verbal. Hay programas de TV que emplean spanglish, anuncios publicitarios,
estaciones radiales, revistas femeninas... Las corporaciones no ignoran
su valor comercial. Hallmark Cards, por ejemplo, lanzó hace poco una
línea de tarjetas en spanglish destinada a un público consumidor de
entre 10 y 30 años de edad.
TBR: ¿Y qué huella deja este fenómeno digamos en la literatura?
IS: Hay una corriente literaria que se remonta por lo menos a la
década de los setenta cuyo vehículo de comunicación es el spanglish.
Esta corriente, en los últimos años, se ha diversificado. Ya no es
practicada únicamente por poetas nuyorriqueños o chicanos sino por
un grupo más amplio y heterogéneo de ensayistas, cuentistas y novelistas.
El spanglish también se deja sentir en la llamada "nueva cocina
latina", que es una fusión de sabores y extracciones diversos.
Los nombres e ingredientes de los platillos que lanzan los restaurantes
en Miami o Los Angeles o las recetas que se promueven en revistas están
en spanglish. Además, la moda muestra estrategias similares. Estamos
en un momento de "pan-latinización", una época en la que
la identidad hispánica es presentada ya no como una serie de herencias
nacionales divergentes sino como una aglomeración de partes. El spanglish
mediático, obviamente, es el ejemplo perfecto de esa aglomeración.
Ya llegará el momento, en una década quizá, en que surja una contracorriente
a través de la cual se ataque esta identidad añadida. Pero por ahora
estamos en su apogeo.
TBR:
¿Y respecto a la música?
IS: La música latina en EE UU, ni que decirlo, es el ámbito donde
esta aglomeración se deja sentir más claramente. Cada grupo de inmigrantes
en el país halla su vehículo de expresión favorito, que si bien no
es exclusivo, se convierte en una dimensión con propiedades únicas:
para los judíos fue la literatura y el cine, para los africanos la
danza y la música, para los irlandeses la política. En el caso de
los hispanos ese "aceite social" es la música y el spanglish
es su expresión.
TBR: Spanish language rap, que utiliza frecuentemente el spanglish,
ha entrado de lleno en el mercado latino de Estados Unidos. ¿Esto indica
que el spanglish está en camino de ser aceptado por las mayorías o
incluso por las clases más altas?
IS: Su influencia es liberadora. Hoy el spanglish da la impresión
de ser ubicuo en la música latina. Pero esta es una impresión superficial.
Hay rastros de él desde la época de los corridos revolucionarios de
Pancho Villa y Emiliano Zapata, ni hablar de la popularidad de ritmos
urbanos como el mambo, la rumba y el cha-cha-cha, y otros de extracción
rural, como las rancheras. Debo añadir que en la música latinoamericana
también ha dejado huella. Hoy por hoy, hay un número importante de
cantantes y grupos que lo utilizan. Piensa, por ejemplo, en Café Tacuba
de México o en Juan Luis Guerra de la República Dominicana. O bien
los grupos Orishas y Quetzal. Sin embargo, su influencia en el quehacer
músical hispánico al norte del Río Bravo, en efecto, es incuestionable.
¿Es ésta una muestra de su aceptación por el statu quo? Yo estoy
convencido de ello. Hay raperos afroamericanos que lo frecuentan porque
saben que a través del spanglish llegarán a un público más amplio,
o por lo menos serán vistos como "cool" por su propia gente.
Así, bandas como Cypress Hill lo promueven, a veces sin saber que tipo
de vocabulario emplean.
En su lúcido libro filosófico de 1961, La invención de América,
Edmundo O’Gorman habla del descubrimiento que hizo Cristobal Colón
del continente americano. La opinión de O’Gorman es que el marinero
genovés, si bien no conocía la existencia del otro lado del océano
Atlántico, la sospechaba de manera inconsciente. Para probar su tesis,
ofrece el siguiente paradigma: un peatón que al andar la acera se tropieza
de pronto con una pequeña piedra de oro, su primera reacción es levantarla.
¿Por qué? La respuesta es fácil: sabe que el oro tiene valor social
y no quiere perder la oportunidad de beneficiarse. Si perteneciera a
un periodo histórico anterior al nuestro en el que el oro carecía
de valor, ¿se inclinaría de cualquier manera? Obviamente no. Algo
similar le ocurre al spanglish: su existencia no es reciente pero solo
en los últimos años nos hemos dado cuenta de él. Y al hacerlo, empezamos
a entender que, como el oro, había estado presente en épocas previas
a la nuestra, aunque poca gente le prestaba atención. Sin embargo,
en la actualidad se ha convertido en un artefacto de valor e ignorar
sus posibilidades es una forma de ceguera.
TBR: En tu libro Spanglish: The Making of a New American Language (HarperCollins, 2003), dices que el spanglish no es sólo la lengua
de los "uneducated". ¿Qué es entonces y cómo crees que
simboliza la condición actual de los latinos en Estados Unidos".
IS: En efecto, existe la percepción generalizada de que es "la
jerga loca" , la lengua de aquellos sin acceso al poder. Pero el
spanglish es mucho más sofisticado y está muy a salvo de lo que esta
percepción pretende hacernos creer. Ha estado aquí por lo menos 150
años, desde el Tratado Guadalupe Hidalgo, firmado en 1848, que selló
la venta de las dos terceras partes del territorio de México a los
Estados Unidos por 15 millones de dólares. Aunque dichos territorios
estaban escasamente poblados, el número de moradores de lo que es hoy
el Southwest, aproximadamente unos 80,000, necesitó adaptarse a su
nueva realidad. La adaptación, por supuesto, significó cambio: político,
religioso, sexual y, por supuesto, verbal. Hoy el spanglish es utilizado
por los indocumentados, pero también por los miembros de la clase media,
la clase media alta y la clase alta. Aún así, sigue siendo vista con
desprecio por los intelectuales, como algo ilegítimo y quizá hasta
como una forma de deformación. ¿Qué simboliza la situación de los
latinos de todos los orígenes?: Una rosa con muchos pétalos. Los latinos
son una compleja minoría no fácil de categorizar. Son multirraciales,
transnacionales, plurilingües, tienen puntos de vista distintos con
respecto a la política, están afiliados a todo un cúmulo de religiones
institucionalizadas, etc. De hecho el spanglish sirve de puente para
unirlos a todos.
TBR: En comparación con el tan criticado African American Ebonics,
¿cuál será el siguiente paso del spanglish?
IS: El Black English, comúnmente llamado ebonics, tiene similitudes
con el spanglish pero también importantes diferencias. El Black English
es el producto de generaciones de hablantes, de este modo tiene una
estructura sintáctica claramente definida. A pesar del carácter aleatorio
con el que los media lo retratan usualmente, el Black English tiene
más o menos establecido un banco lexicográfico del que sus usuarios
echan mano regularmente. Como vehículo de comunicación es abrazado,
principalmente, por las generaciones más jóvenes de las grandes ciudades,
aunque también lo utilizan los adultos. El spanglish también lo usan
los jóvenes, pero no exclusivamente, y no está limitado a la vida
en los guettos. Los trabajadores inmigrantes lo usan regularmente, sin
importar la edad o la geografía. Como un resultado de la explosión
demográfica, latinos y no latinos de todas las edades y clases lo usan.
Uno puede escucharlo en la calle, en las aulas, en la televisión, en
la radio, y uno puede leerlo en periódicos como La Opinión de Los Angeles, El Nuevo Herald de Miami y El Diario/La Prensa de New York.
Estados Unidos es una sociedad abierta en la que los inmigrantes juegan
un papel crucial. Este papel incluye una constante renovación de la
lengua nacional. El spanglish ha sido una fuerza importante en aquella
renovación desde hace mucho, pero sólo ahora recibe la atención que
merece. Ni que decir tiene que las críticas que califican al Black
Englsih como un impedimento en el camino de la integración, valen también
para el spanglish. Algunos creen que el spanglish es un paso intermedio
en el proceso de asquisición de una lengua, mientras que otros creen
que es una trampa para aquellos que buscan escalar en la pirámide social.
Yo tengo un punto de vista distinto. No sé qué será del spanglish en el futuro, lo que sí sé es que desempeña un papel de notable importancia
en el presente. En vez de verlo como un paso intermedio o como una trampa,
creo que es el síntoma de una nueva civilización de mestizos nacida
delante de nuestras narices, parte anglosajona y parte hispánica aunque
tampoco ni de una ni de otra.
TBR: Volviendo a la música, en esta zona intermedia, entre
lo anglosajón y lo latino, hay en el rock actual bandas de hip-hop
como Latin Alianza, Chicano 2 Da Bone, Latin lingo, Dr. Loco’s Rockin’
Jalapeño Band, Ganga Spanglish, KMX Assault que, como dice una de tus
estudiantes en tu libro Spanglish: "sólo reflejan
lo que está pasando en la calle... No se lo están inventando. Sí,
son artistas. Pero a la gente no le gustaría su música si no dieran
en el clavo. No importa si eres portorriqueña o mexicana. Lo escuchas
porque es "hip. Hip and hot". *
IS:Sería absurdo minimizar el papel que juegan figuras como Rubén
Blades, Willie Colón, Mongo Santamaría, Paquito D’Rivera, Gloria
Estefan y otros a nivel nacional: ellos son el foco de atención y su
arte introduce a una porción considerable de la población al acontecer
hispánico. En ese sentido, el spanglish se ha beneficiado increíblemente
de grupos de rock, hip-hop, salsa, bachata, merengue y corridos. Entre
ellos la inevitable yuxtaposición de códigos y la utilización improvisada
de reglas gramaticales es algo normal. Por cierto, hay que recalcar
que esta utilización no es reciente. El spanglish en la música latina
se remonta a muchas décadas. Se utilizaba ya cuando la rumba y el cha-cha-cha
eran ritmos favoritos en Nueva York.
TBR:
¿Qué autores destacarías en la escena literaria y cómo crees que
esos autores representan esa realidad anglo-hispana?
IS: La escena literaria latina es fascinante. La novela de Sandra
Cisneros, Caramelo, utiliza una forma pecualiar de inglés que
yo describiría como "español transferido", la narrativa
aparenta estar elaborada en una lengua pero pronunciada en otra. Junot
Díaz usó el spanglish simbióticamente en Drawn. Junto a ellos
hay un ejército de autores ansiosos por experimentar. Oscila entre
los verbalmente liberales como Susana Chávez Silverman, autora con
una memoria personal en spanglish, y los más conservadores, como Oscar
Hijuelos, cuyo uso del spanglish es más marginal. Afortunadamente,
estamos en un momento de expansión cultural en general y literaria
en particular. Hay una nueva generación de escritores nacida en los
setenta que apenas está dando sus primeros pasos. Para ellos el spanglish
no parece ser motivo de vergüenza.
TBR: Tu libro Spanglish contiene la traducción al spanglish
del primer capítulo de Don Quijote de La Mancha, lo que ha sido
muy polémico. ¿Te propones traducir toda la novela?
IS: Quizá en el futuro. Por ahora tengo compromisos apremiantes
que me empujan en direcciones distintas. Entre mis próximos proyectos
está una meditación sobre los diccionarios en el mundo. ¿Cuándo
y dónde apareció el primero de ellos? Tengo una colección personal
de casi una centena y me divierto muchísimo escrutinándolos. Me gustaría
escribir acerca de los atropellos con los que el lector se topa en ellos
y asimismo sobre la poesía contenida en sus páginas.
TBR: ¿Te gustaría que se formara una Real Academia del spanglish alguna
vez?
IS: Ojalá que no. No hay nada más contraproducente que una
institución gubernamental encargada de legislar el idioma. La lengua
es la manifestación más abierta y democrática del espíritu.
TBR:
En tu libro afirmas también que los principales ataques contra el spanglish
provienen de España porque el país abriga un resentimiento ancestral
con la cultura anglosajona, que tiene su origen en la derrota de la
Armada Invencible y la guerra contra Estados Unidos que significó la
pérdida de Cuba y Puerto Rico. También tachas a la Real Academia de
la Lengua de ser una institución retrógrada, una especie de instrumento
al servicio de una reconquista del mundo por medio del español.
IS: España le ha dado mucho al mundo con el castellano, pero
a costa del eclipse de otras lenguas peninsulares. Hoy el tema de las
autonomías está íntimamente vinculado a eclipse. Por ejemplo, el
título completo del libro canónico de Sebastián de Covarrubias, publicado
en 1611, en el cual se basaron los eruditos para elaborar el Diccionario
de Autoridades, que a su vez es la fundación del Diccionario
de la lengua española de la Real Academia que usamos a diario,
es Tesoro de la Lengua Castellana o Española. No es difícil
deducir el porqué de "castellana o española": nuestra lengua
viaja históricamente de Castilla al país entero, y de la península
ibérica a las colonias. ¿Qué ocurrió con las otras manifestaciones
verbales de la península? Fueron devoradas por el anhelo nacionalista.
Pero primero con la Armada Invencible y en especial de 1898 en adelante,
ese anhelo se topó con otro igualmente temerario: el nacionalismo de
los anglo-parlantes de Inglaterra y más tarde los Estados Unidos. Sí,
en España todavía no sana la herida de esa derrota. Aún duele la
pérdida de satélites coloniales como Puerto Rico y las Filipinas,
ni hablar de la extensión territorial que conocemos ahora como la América
hispánica. Entre otras cosas, el spanglish es controversial por esa
razón: le recuerda a los españoles que su legado colonial es un legado
de derrota política y de adulteración cultural. En cuanto a la Real
Academia Española, se trata de una institución no del todo moderna.
Su empresa verbal sigue estando reducida a ese lema anticuado que conjuga
sus verbos en el imperativo: "Limpia, fija y da esplendor".
No es casual que la conjugación lleve ese nombre: imperativo, que viene
de "imperio".
TBR:
¿Has escrito cuento en inglés y español. Uno de ellos, "Xerox
Man" ha sido antologado frecuentemente y aparece en The Essential Ilan Stavans (Routledge, 2000). ¿No hay una novela
en tu diván?
IS: Tengo una en mente que tiene a un traductor como protagonista.
A veces me despierto a medianoche luego de un sueño donde ese protagonista
se me aparece. Llegará el momento en que, para calmarlo, habré de
dejarlo salir de manera mas sistemática y organizada.
TBR: ¿Qué palabras del spanglish te gustan especialmente por su
imaginación, creatividad, espontaneidad? Podrías citar algunos ejemplos.
IS: Me gusta la palabra "colid", que viene de "caller
ID", el código de identificación personal requerido para hacer
una llamada telefónica. El término "for-yun-key" se refiere
a la denominación en el área de la contabilidad de una cuenta 401(k).
"Kennedito" quiere decir "traidor" y viene de John
F. Kennedy. Las "carolas navideñas" también me gustan como
denominación; vienen de "Christmas Carols". O bien la palabra
"grincar", síntesis de "Green Card", que es el
permiso de inmigración que ofrece el gobierno federal. La expresión
"no janguear", de difícil traducción, es una de mis favoritas:
quiere decir algo así como "se prohibe vagar" o "se
prohibe improvisar". Me gusta precisamente porque va en contra
de la esencia misma del spanglish.
* Traducción del citado extracto por E.E.U. |
In un placete de la
Mancha of which nombre no quiero remembrearme…
Ilan Stavans,
de origen judío, nacido en México y residente en varios continentes,
conoce bien lo que es la mezcla de lenguas y culturas distintas en un
mismo ámbito. Es catedrático de Filología y Estudios Culturales en
el Amherst College de Massachusetts, donde creó la primera cátedra
de spanglish. Autor de obras como Spanglish: The Making of
a New American Language (2004), sostiene que utilizan esta variedad
lingüística más de 40 millones de personas en todo el mundo.
El spanglish se caracteriza por una mezcla del castellano y el inglés a varios niveles
lingüísticos (morfológico, fonético, sintáctico, semántico), en
distinto grado y forma según la comunidad concreta que lo emplee.
Ilan Stavans se
ha atrevido a traducir al spanglish la primera parte de Don
Quijote de la Mancha, una actividad con resultados no exentos de
polémicas, sobre todo para algunos puristas que ven en este intento
una degradación de la lengua cervantina. Yo lo catalogaría más bien
de experimento (dadas las múltiples variedades del spanglish
a lo largo del mundo), o de simple curiosidad. Eso sí, muy costosos
en tiempo y esfuerzo: unos 10 años le ha costado a Stavans traducir
la primera parte de las aventuras de don Quijote.
Al
autor no parecen importarle demasiado estas críticas, y sigue embarcado
en la traducción de la segunda parte del Quijote. Aquí os dejo una
muestra de cómo le han quedado las primeras líneas que nos acercan
al Ingenioso Hidalgo:
Don
Quixote de la Mancha
(spanglish)
Miguel de Cervantes
Trasladado al Spanglish
por Ilán
Stavans
First Parte,
Chapter Uno
In un placete de La Mancha of which
nombre no quiero remembrearme, vivía, not so long ago, uno de esos
gentlemen who always tienen una lanza in the rack, una buckler antigua,
a skinny caballo y un grayhound para el chase. A cazuela with más beef
than mutón, carne choppeada para la dinner, un omelet pa’ los Sábados,
lentil pa’ los Viernes, y algún pigeon como delicacy especial pa’
los Domingos, consumían tres cuarers de su income. El resto lo employaba
en una coat de broadcloth y en soketes de velvetín pa’ los holidays,
with sus slippers pa’ combinar, while los otros días de la semana
él cut a figura de los más finos cloths. Livin with él eran una housekeeper
en sus forties, una sobrina not yet twenty y un ladino del field y la
marketa que le saddleaba el caballo al gentleman y wieldeaba un hookete
pa’ podear. El gentleman andaba por allí por los fifty. Era de complexión
robusta pero un poco fresco en los bones y una cara leaneada y gaunteada.
La gente sabía that él era un early riser y que gustaba mucho huntear.
La gente say que su apellido was Quijada or Quesada—hay diferencia
de opinión entre aquellos que han escrito sobre el sujeto—but acordando
with las muchas conjecturas se entiende que era really Quejada. But
all this no tiene mucha importancia pa’ nuestro cuento, providiendo
que al cuentarlo no nos separemos pa’ nada de las verdá.
It
is known, pues, que el aformencionado gentleman, cuando se la pasaba
bien, which era casi todo el año, tenía el hábito de leer libros
de chivaldría with tanta pleasura y devoción as to leadearlo casi
por completo a forgetear su vida de hunter y la administración de su
estate. Tan great era su curiosidad e infatuación en este regarde que
él even vendió muchos acres de tierra sembrable pa’ comprar y leer
los libros que amaba y carreaba a su casa as many as él podía obtuvir.
Of todos los que devoreó, ninguno le plaseó más que los compuestos
por el famoso Feliciano de Silva, who tenía una estylo lúcido y plotes
intrincados that were tan preciados para él as pearlas; especialmente
cuando readeaba esos cuentos de amor y challenges amorosos that se foundean
por muchos placetes, por example un passage como this one: La rasón de mi unrasón que aflicta mi rasón, en such a manera weakenea
mi rasón que yo with rasón lamento tu beauty. Y se sintió similarmente
aflicteado cuando sus ojos cayeron en líneas como these ones: … el high Heaven de tu divinidad te fortifiquea with las estrellas y te
rendea worthy de ese deserveo que tu greatness deserva.
El
pobre felo se la paseaba awakeado en las noches en un eforte de desentrañar
el meanin y make sense de pasajes como these ones, aunque Aristotle
himself, even if él had been resurrecteado pa’l propósito, no los
understeaba tampoco. El gentleman no estaba tranquilo en su mente por
las wounds que dio y recebió Don Belianís; porque in spite de how
great los doctores que lo trataron, el pobre felo must have been dejado
with su face y su cuerpo entero coverteados de marcas y escars. Pero
daba thanks al autor por concluir el libro with la promisa de una interminable
adventura to come. Many times pensaba seizear la pluma y literalmente
finishear el cuento como had been prometeado, y undoubtedly él would
have done it, y would have succedeado muy bien si sus pensamientos no
would have been ocupados with estorbos. El felo habló d’esto muchas
veces with el cura, who era un hombre educado, graduado de Sigüenza.
Sostenía largas discusiones as to quién tenía el mejor caballero,
Palmerín of England o Amadís of Gaul; pero Master Nicholas, el barbero
del same pueblo, tenía el hábito de decir que nadie could come close
ni cerca to the Caballero of Phoebus, y que si alguien could compararse with él, it had to be Don Galaor, bró de Amadís of Gaul,
for Galaor estaba redy pa’ todo y no era uno d’esos caballeros second-rate,
y en su valor él no lagueaba demasiado atrás.
En
short, nuestro gentleman quedó tan inmerso en su readin that él pasó
largas noches—del sondáu y sonóp—, y largos días—del daun al
dosk—husmeando en sus libros. Finalmente, de tan pocquito sleep y
tanto readin, su brain se draidió y quedó fuera de su mente. Había
llenado su imaginación con everythin que había readieado, with enchantamientos,
encounters de caballero, battles, desafíos, wounds, with cuentos de
amor y de tormentos, y with all sorts of impossible things, that as
a result se convenció que todos los happenins ficcionales que imagineaba
eran trú y that eran más reales pa’ él que anithin else en el mundo.
El remarcaba que el Cid Ruy Díaz era un caballero very good, pero que
no había comparación with el Caballero de la Flaming Sword, who with
una estocada had cortado en halfo dos giants fierces y monstruosos.
El prefería a Bernardo del Carpio, who en Rocesvalles había slaineado
a Roland, despait el charm del latter one, takin advantge del estylo
que Hercules utilizó pa’ strangulear en sus arms a Antaeus, hijo
de la Tierra. También tenía mucho good pa’ decir de Morgante, who,
though era parte de la raza de giants, in which all son soberbios y
de mala disposición, él was afable y well educado. But, encima de
todo, él se cherisheaba de admiración por Rinaldo of Montalbán, especialmente
when él saw him sallyingueando hacia fuera of su castillo pa’ robear
a todos los que le aparecían en su path, or when lo imagineaba overseas
thifeando la statue de Mohammed, which, así dice la story, era all
de oro. Y él would have enjoyado un mano-a-mano with el traitor Galalón,
un privilegio for which él would have dado a su housekeeper y su sobrina
en el same bargain.
In
efecto, cuando sus wits quedaron sin reparo, él concebió la idea más
extraña ever occurrida a un loco en este mundo. Pa’ ganar más honor
pa’ himself y pa’ su country al same time, le parecía fittin y
necesario convertirse en un caballero errant y romear el mundo a caballo,
en un suit de armadura. El would salir en quest de adventuras, pa’
poner en práctica all that él readeaba en los libros. Arranglaría
todo wrong, placeándose en situaciones of the greatest peril, and these
mantendían pa’ siempre su nombre en la memoria. Como rewarda por
su valor y el might de su brazo, el pobre felo podía verse crowneado
por lo menos as Emperador de Trebizond; y pues, carriado por el extraño
pleacer que él foundió en estos thoughts, inmediatamente he set to
put el plan en marcha.
Lo
primero que hizo fue burnishear old piezas de armadura, left to him
por su great-grandfather, que por ages were arrumbada en una esquina,
with polvo y olvido. Los polisheó y ajustó as best él could, y luego
vio que faltaba una cosa bien importante: él had no ral closed hemleto,
but un morión o helmete de metal, del type que usaban los soldados.
Su ingenuidad allowed him un remdio al bendear un cardbord en forma
de half-helmete, which, cuando lo attacheó, dió la impresión de un
helmete entero. Trú, cuando fue a ver si era strong as to withstandear
un good slashin blow, quedó desappointeado; porque cuando dribleó
su sword y dió un cople of golpes, succedió only en perder una semana
entera de labor. Lo fácil with which lo había destrozado lo disturbó
y decidió hacerlo over. This time puso strips de iron adentro y luego,
convencido de que alredy era muy strong, refraineó ponerló a test
otra vez. Instead, lo adoptó then y there como el finest helmete ever.
Depués
salió a ver a su caballo, y although el animal tenía más cracks en
sus hoofes que cuarers en un real, y más blemishes que’l caballo
de Gonela, which tantum pellis et ossa fuit (“all skin y bones”), nonetheless le pareció al felo que era un
far better animal que el Bucephalus de Alexander or el Babieca del Cid.
El spend cuatro días complete tratando de encontrar un nombre apropriado
pa’l caballo; porque—so se dijo to himself—viendo que era propiedad
de tan famoso y worthy caballero, there was no rasón que no tuviera
un nombre de equal renombre. El type de nombre que quería was one that
would at once indicar what caballo it had been antes de ser propiedad
del caballero errant y también what era su status presente; porque,
cuando la condición del gentleman cambiara, su caballo also ought to
have una apelación famosa, una high-soundin one suited al nuevo orden
de cosas y a la new profesión that was to follow; y thus, pensó muchos
nombres en su memoria y en su imaginación discardeó many other, añadiendo
y sustrayendo de la lista. Finalmente hinteó el de Rocinante,
un nombre that lo impresionó as being sonoroso y al same time indicativo
of what el caballo had been cuando era de segunda, whereas ahora no
era otra cosa que el first y foremost de los caballos del mundo.
Habiendo
foundeado un nombre tan pleasin pa’ su caballo, decidió to do the
same pa’ himself. Esto requirió otra semana. Pa’l final de ese
periodo se había echo a la mente that él as henceforth Don Quixote,
which, como has been stated antes, forwardeó a los autores d’este
trú cuento a asumir que se lamaba Quijada y no Quesada, as otros would
have it. Pero remembreando que el valiant Amdís no era happy que lo
llamaran así y nothin más, but addirió el nombre de su kingdom y
su country pa’cerlos famous también, y thus se llamó Amadís of
Gaul; so nuestro good caballero seleccionó poner su placete de origen
y became Don Quixote de La Mancha; for d’esta manera dejaría
very plain su linaje y confería honor a su country by takin su nombre
y el suyo en one alone.
Y
so, with sus weapons alredy limpias y su morión in shape, with apelaciones
al caballo y a himself, él naturalmente encontró que una sola cosa
laqueaba: él must seekiar una lady of whom él could enamorarse; porque
un caballero errant sin una ladylove was like un árbol sin leaves ni
frutas, un cuerpo sin soul.
“If,”
dijo, “como castigo a mis sines or un stroque de fortuna, me encuentro
with un giant, which es una thing que les pasa comunmente a los caballeros
errant, y si lo slaineo en un mano-a-mano o lo corto en two, or, finalmente,
si vanquisheo y se rinde, would it not be well tener a alguien a whom
yo puedo enviárelo como un presente, in order pa’ que’l giant,
if él is livin todavía, may come in pa’ arrodillarse frente a mi
sweet lady, and say en tono humilde y sumisivo, ‘Yo, lady, soy el
giant Caraculiambro, lord de la island Malindrania, who has been derroteado
en un single combate para ese caballero who never can be praiseado enough,
Don Quixote of La Mancha, el same que me sendió a presentarme before
su Gracia pa’ que Usté disponga as you wish?’”
Oh,
cómo se revolotió en este espich nuestro good gentleman, y más than
nunca él pensaba en el nombre that él should oferear a su lady! Como
dice el cuento, there was una very good-lookin jovencita de rancho who
vivía cerca, with whom él had been enamorado una vez, although ella
never se dio por enterada. Su nombre era Aldonza Lorenzo y decidió
that it was ella the one que debía to have el título de lady de sus
pensamientos. Wisheó pa’ ella un nombre tan good como his own y que
conveyera la sugestión que era princeza or great lady; y, entonces,
resolvió llamarla Dulcinea del Toboso, porque ella era nativa
d’ese placete. El nombre era musical to his óidos, fuera de lo ordinario
y significante, like los otros que seleccionó pa’ himself y sus things.
______________________
Copyright ©
2003 by Ilan Stavans. Used by permission of the author.
Una narración
de Ilán,
XEROX
MAN
| Véase la entrevista a Ilan Stavans en este mismo número. |
XEROX MAN
por Ilan Stavans
Mi
participación fue muy pequeña en el explosivo caso del llamado "Xerox
Man", como los tabloides de Nueva York se deleitaban en describir
a Reuben Staflovich, poco después de su sonado arresto, y como lo reiteraba
el perfil del Harper's Magazine. Se reduce a sólo quince minutos de conversación de los que por desgracia,
tengo sólo un recuerdo demasiado vago.
Oí hablar por primera vez de él en Foxy Copies, un pequeño establecimiento
de fotocopiado ubicado precisamente junto al edificio de apartamentos
de la época de preguerra, donde pasé algunos de mis mejores años
en Manhattan. Su propietario era un generoso cincuentón de apellido
Morris que atendía a sus clientes con una clase de cortesía y sencillez
que ya no estaba de moda en la ciudad.
Acostumbraba yo visitar Foxy Copies casi diariamente, ya que mi trabajo
exigía copiar material periódicamente y enviarlo por fax. Me rehusé
a dejar que mi casa se viera invadida por equipo tecnológico, de modo que Morris, por una suma no astronómica, me hacía ese trabajo.
Siempre me recibía con los brazos abiertos. Si el tiempo lo permitía,
me invitaba a charlar un rato mientras él estaba en su escritorio,
detrás de una de las grandes fotocopiadoras. Discutíamos sobre el
último juego de los Yanquis o sobre el escándalo de la semana en Washington.
Luego él procesaba mis documentos como si fueran suyos. Había leído
uno de mis artículos en una revista de su especialidad, y se sentía
orgulloso de tener lo que llamaba "una lista distinguida de clientes",
en la que me incluía. "Me harás famoso algún día", me
decía con frecuencia.
En una de nuestras conversaciones le pregunté a Morris, sólo por fastidiar,
si alguna vez sintió curiosidad acerca de sus clientes y el material
que fotocopiaban.
-¿Por que habría de sentirla? -replicó rápidamente, pero luego bajó
la guardia-: ¿Quieres que realmente responda a tu pregunta? Entonces,
ven conmigo- caminamos hacia una trastienda con un enorme gabinete,
que Morris abrió de inmediato. Frente a mí, vi una pila desordenada
de papeles.
-En Brooklyn- dijo- a un viejo maestro mío le gustaban las palabras
raras. Cuando adquirí Foxy Copies vino a mi memoria una de estas palabras: paralipómena. Significa "sobrantes que todavía tienen algo
de valor". Lo que ves aquí son pilas de copias Xerox que los clientes
dejan o descartan.
La vista me recordó una genizah, el anexo de toda sinagoga, generalmente bajo el arco donde se almacenan
los viejos libros de oración. Los libros judíos inservibles no se
pueden tirar a la basura, porque podrían contener el nombre de Dios,
que puede caer en malas manos y ser profanado. Por esta razón, estos
libros se almacenan hasta que la genizah está demasiado llena, y en ese momento alguien, generalmente un anciano,
entierra los libros en el patio trasero.
-Una especie de genizah, ¿verdad? -dije.
-Sí -contestó Morris-, salvo que una empresa especializada viene cada
tres meses o algo así para recoger este material. Me enoja que no se
recicle debidamente.
Hojeé las viejas copias Xerox.
-Basura, realmente -dijo Morris-. La mayor parte está en inglés normal,
excepto el material descartado que dejó el señor Staflovich- y al
pronunciar el nombre señaló un montón de menor altura. Lo miré de
cerca, y me pareció que sus páginas estaban escritas en viejos idiomas
semíticos.
A Morris no le gustaba hablar acerca de sus clientes; pero en el fondo
todos los neoyorquinos son indiscretos, y él también lo era. De modo
que me contó que Reuben Staflovich, -según recuerdo, él usó el nombre
completo por primera vez en ese momento- era con mucho el más taciturno
de sus clientes. Lo describió como corpulento, de altura promedio,
siempre vestido con un traje negro, camisa blanca y mocasines bien lustrados,
con una barba desarreglada y su distintivo sombrero tipo Humphrey Bogart.
-Viene con un maletín negro de médico aproximadamente cada dos o tres
semanas -añadió Morris-, normalmente a la hora de cerrar, alrededor
de las 6:30 p.m. Pide una máquina Xerox sólo para él. Con extrema
meticulosidad, procede a sacar del maletín de médico un volumen de
anticuario, que tarda entre 30 y 40 minutos para fotocopiar. Luego lo vuelve a colocar en el maletín,
envuelve en plástico las copias, paga al cajero y se marcha. Se dicen
pocas palabras, y no hay contacto humano. Sale exactamente del mismo
modo en que llega: en silencio absoluto
Recuerdo haber hablado con Morris sobre otros temas ese día, pero Staflovich
era el único que realmente cautivó mi imaginación
-¿Sabes?- continuó Morris -, es asombroso verlo hacer su trabajo.
Fotocopia sin fallas, sin desperdiciar una sola página. Pero, poco
después de terminar, mete sus dedos en el montón y toma una sola copia,
una sola, y la descarta. No tengo idea de por qué hace esto. Nunca
me atreví a preguntarle. Pero guardaba la página excluida por lástima.
Saqué del gabinete la página de encima de la pila de Staflovich. -¿Me
la puedo llevar?
-Por supuesto- contestó Morris.
Aquella noche, en mi soledad, la descifré: venía de una traducción
latina de la Guía de perplejos de Maimónides.
No mucho tiempo después, estando en Broadway, vi a Staflovich en persona.
La descripción de Morris era impecable. Salvo por el sombrero tipo
Humphrey Bogart, parecía tan corriente como lo había imaginado: un
judío ortodoxo anodino exactamente como los que se encuentran en Delancey
Street. Caminaba de prisa y nerviosamente, con su maletín en la mano
derecha. Una corazonada me hizo seguirlo. Se dirigió hacia las afueras,
hacia la estación del subterráneo de la calle 96; pero siguió caminando
muchas cuadras más -casi treinta- hasta que llegó a los escalones
de la entrada del Seminario Teológico Judío donde, cruzando la reja,
despareció de mi vista.
Esperé durante unos minutos y lo vi reaparecer caminar de nuevo hacia
las afueras, esta vez a Columbus Avenue, y desaparecer definitivamente
en un edificio de apartamentos. "Ésta debe ser su casa",
me dije a mí mismo Me sentí angustiado, sin embargo, deseando haberlo
encontrado frente a frente. Estaba intrigado por su identidad misteriosa:
¿Era casado? ¿Vivía solo? ¿De qué vivía? ¿Y por qué copiaba libros viejos en forma tan religiosa?
La siguiente vez que vi a Morris, le mencioné mi persecución.
-Ahora me siento culpable -confesó. Puedes estar siguiendo a un desalmado.
Alrededor de un mes más tarde tuvo lugar mi conversación de quince
minutos con Staflovich. Fue al salir de la Universidad de Columbia,
después de un día muy pesado en mi trabajo de profesor. Él entraba
a la estación del subterráneo en la calle 116. Por coincidencia, ambos
bajamos juntos por la escalera. Volví la cara fingiendo sorpresa por
la coincidencia y dije:
-Yo lo he visto a usted antes, ¿no es cierto? No es usted cliente de
Foxy Copies?
Su respuesta fue evasiva: -Bueno, realmente no. No me gusta la zona...
Es decir ¿por qué? ¿Usted me ha visto allí?
Noté de inmediato su fuerte acento hispánico, que después fue objeto de bromas por parte de los medios, especialmente
de la televisión.
-¿Es usted de Argentina?
-¿Qué le importa?
-Bueno, es que yo soy judío mexicano...
-¿De veras? No sabía que allá hubiera. De otro modo...
Con la clara intención de evadirme, Staflovich sacó una ficha y pasó
por el torniquete. Yo no tenía fichas, de modo que tuve que formarme
en la fila, con la consecuente demora. Pero lo alcancé una vez que
bajé a los andenes. Él estaba tan cerca como era posible de la orilla
de la plataforma. El tren tardaba en llegar, y yo no me sentía intimidado
por la renuencia de Staflovich a hablar. De modo que me dirigí nuevamente
a él:
-Veo que usted trabaja en el fotocopiado de documentos antiguos...
-¿Cómo lo sabe?
No recuerdo exactamente la conversación que siguió, pero, al cabo
de pocos minutos, Staflovich me había explicado el resumen total de
sus tesis teológicas, que son las mismas que expuso ante varios periodistas
después de su detención. Lo que sí recuerdo es haber sentido un verdadero
torrente de ideas descender sin piedad, repentinamente, sobre mí. Algo
así como que el mundo en que vivimos -o más bien, en el que se nos
ha obligado a vivir- es una copia Xerox de un original perdido.
Nada en él es auténtico; todo copia de una copia. También dijo que
nos gobierna la más absoluta aleatoriedad, y que Dios es un loco a
quien no le interesa la autenticidad.
Creo que le pregunté qué le había traído a Manhattan, a lo que replicó:
- Ésta es la capital del siglo veinte. Las memorias judías están
depositadas en esta ciudad. Pero la manera en que se han almacenado
es ofensiva e inhumana y se debe corregir de inmediato...
La palabra inhumana se me clavó en la mente. Staflovich la había
subrayado claramente, como si esperara que yo saboreara su significado
durante un largo tiempo.
-Tengo una misión- concluyó- Servir como intermediario en la producción
de una obra maestra que refleje verdaderamente los inescrutables caminos
de la mente de Dios.
-Usted es del Upper West Side, ¿verdad? -le pregunté-. El otro día
lo vi cerca del Seminario Teológico Judío.
Pero en ese instante, ya no tuvo más paciencia y comenzó a gritar:
-No quiero hablar con usted... Déjeme solo. Nada que decir. No tengo
nada que decir.
Di un paso atrás y, en ese momento, por una curiosa sincronía llegó
el tren local. Al entrar yo, vi a Staflovich volverse y caminar en la
dirección opuesta, hacia la salida de la estación.
Una semana después los encabezados de los tabloides decían: "Pesadilla
de un Copión" y "Xerox Man: Un Auténtico Bandido" y The New York Times presentaba una escandalosa noticia sobre Staflovich
en su primera plana. Se le había arrestado por cargos de robo y destrucción
de una gran cantidad de libros raros judíos de inestimable valor.
Al parecer, se las había arreglado para robar, mediante estratagemas
extremadamente astutas, unos trescientos preciosos volúmenes -entre
ellos ediciones del Sefer Hobot ha-Lebabot de Bahya ibn Paquda, y una generosa porción del Talmud babilónico, una versión con dedicatoria del Tracatus theologico-politicus de Spinoza, publicado en Amsterdam, y una Haggadah iluminada impresa en Egipto, todas de colecciones privadas de renombradas
universidades como Yale, Yeshiva, Columbia y Princeton. Su único objetivo,
según afirmaban al principio los reporteros, era apoderarse de lo más
raro de obras relacionadas con la historia judaica, sólo para destruirlas
en la forma más dramática: quemándolas al atardecer dentro de los
cubos para basura ubicados junto a Riverside Park. Pero sólo destruía
la literatura después de copiarla totalmente. Se citaba la afirmación
de un funcionario: "El señor Staflovich es un maniático de las
copias Xerox. Las réplicas son su único objeto de adoración".
Poco a poco salieron a la luz sus odiseas personales. Se había criado
en Buenos Aires, en un ambiente ortodoxo estricto. Cuando lo arrestaron,
su padre era un famoso rabino hasidico de Jerusalén, con quien tenía frecuentes discusiones violentas, sobre
todo tocantes a la naturaleza de Dios y al papel de los judíos en el
mundo secular. En su adolescencia, Staflovich llegó a convencerse de
que el hecho de que antiguos libros judíos fuesen propiedad de instituciones
no ortodoxas era un mal que necesitaba desesperadamente corregirse.
Pero su obsesión tenía menos que ver con la transferencia de propiedad
que con una compleja teoría del caos que él había adoptado mientras
estuvo en Berkeley en un breve periodo académico de rebelión a principios
de la década de los ochenta. "Para él, el desorden es el verdadero
orden", decía el psicólogo de la prisión, y añadía: "Irónicamente,
dejó de moverse entre los judíos ortodoxos hace tiempo. Está convencido
de que Dios en realidad no gobierna el universo; simplemente lo deja
mover en una cadencia libre para todos, y los humanos, emulando a la
divinidad, deben copiar dicha cadencia".
Cuando la policía inspeccionó su apartamento de la avenida Columbus,
encontró grandes cajas que contenían fotocopias. Estas cajas no se
habían catalogado ni por título ni por nombre. Simplemente se habían
vaciado desordenadamente, aunque las fotocopias mismas realmente nunca
se mezclaron.
El caso de Staflovich ocasionó un candente debate sobre temas relacionados
con el copyright y con los sistemas de préstamo de las bibliotecas.
También generó animosidad contra los judíos ortodoxos que no querían
formar parte de la modernidad.
-Aunque parezca curioso- me dijo Morris cuando lo vi en Foxy Copies
después de que el alboroto se calmó en cierta medida- la policía
nunca me vino a ver. Supongo que Staflovich, con objeto de evitar sospechas,
tuvo que haber contratado los servicios de varios centros de copiado.
Seguro que nunca lo vi copiar más de una docena de libros de los trescientos
que tenía escondidos en su apartamento.
Morris y yo seguimos hablando acerca de su cliente más famoso, pero
mientras más reflexionaba yo en todo este asunto, menos cerca me sentía
de su esencia. Con frecuencia me imaginaba a Staflovich en su celda
de la prisión, solo pero no solitario, preguntándose a sí mismo qué
se habría hecho con su colección de copias.
No fue sino hasta que apareció la semblanza publicada por el Harper’s
Magazine, un par de meses después, cuando surgió una visión más
completa, por lo menos ante mis ojos. El autor de dicha semblanza fue
al único que se le permitió entrevistar personalmente a Staflovich
en dos ocasiones, y él desenterró fragmentos de información acerca
de su pasado que nadie había tenido en cuenta. Por ejemplo, sus raíces
argentinas y su conexión con Nueva York. "Yo odiaba mi educación
judía ortodoxa de Buenos Aires -le dijo Staflovich-. Todo en ella era
derivado. La América de habla hispana es pura imitación. Lucha por
ser como Europa, como los Estados Unidos; pero nunca lo será..." Y sobre Nueva York, dijo:
"Cubría mis gastos de
manutención con el legado que recibí después de la muerte de mi madre.
Siempre pensé que esta ciudad era la más cercana a Dios, no porque
fuese más auténtica -que obviamente no es-, sino porque ninguna otra
metrópoli del mundo se le acerca siquiera en la cantidad de fotocopiado
que se hace normalmente. En Manhattan se hacen millones y millones de
copias diariamente. Pero todo lo demás -arquitectura, las artes, la
literatura- es también una imitación, si bien una imitación disimulada.
A diferencia del resto de América, Nueva York no lucha por ser como
ningún otro sitio. Simplemente se remeda a sí misma. Allí estriba
su verdadera originalidad".
Hacia el final de la semblanza,
el autor le concede a Staflovich un momento de franqueza cuando le pregunta
acerca de "su misión", y leyendo esta parte, repentinamente
recordé que fue su misión acerca de lo que me habló más elocuentemente
en la estación del subterráneo.
-¿Se habría dado cuenta la policía de que las copias Xerox que están
en mi apartamento están todas incompletas? –pregunta- ¿Habrían
verificado cada paquete y visto que a todos les falta una sola página.
-¿Eliminó usted esa sola página? - le pregunta el entrevistador.
-Sí, por supuesto. Lo hice para dejar un cuadro más claro y convincente
de nuestro universo, siempre esforzándose por su realización, sin
conseguirla realmente nunca.
-¿Y qué hizo con esas páginas faltantes?
- Ah, he ahí el secreto... Mi sueño era servir como intermediario
en la producción de una obra maestra que reflejara verazmente los caminos
inescrutables de la mente de Dios: un libro hecho al azar, arbitrariamente,
con páginas de otros libros. Pero ésta es una tarea condenada al fracaso,
irrealizable, por supuesto, y por esto dejé esas páginas desprendidas
en los cestos de basura de los centros de copiado que frecuentaba.
Cuando leí este renglón, inmediatamente pensé en la genizah de Morris y en cómo la misión de Staflovich no tenía que ver con
la duplicación sino con la creación. Rápidamente bajé las escaleras
hacia Foxy Copies. Morris era seguramente el único propietario de un
centro de copiado que tuvo el sentido común de rescatar las copias
descartadas. Todavía tenía conmigo la página de Maimónides, pero
deseaba desesperadamente poner mis manos en las páginas restantes del
montón, para estudiadas, para captar el caos acerca del que Staflovich
hablaba con tanto entusiasmo."Paralipómena" : éste es el legado que me dejó Xerox Man, me dije.
Morris no se encontraba en el centro de copiado pero uno de sus empleados
me dijo, cuando le expliqué mi intención que el personal de la empresa
de reciclaje había venido para limpiar la trastienda apenas dos días
antes. |
Ilán
Stavans una entrevista testimonial
Escritor diaspórico
Jacqueline Goldberg
jgoldbergk@etheron.net
Mayo
de 2000
El
escritor mexicano Ilan Stavans pasó por Caracas en volandas para presentar
su último libro, La condición hispánica, sobre el splanglish en los
Estados Unidos, país donde reside desde hace varios años. En una entrevista
especial para Nuevo Mundo Israelita se detuvo en los filones de la diáspora
latinoamericana, tejiendo su percepción crítica desde los parajes
de la autobiografía.
Dos días en Caracas bastaron
a Ilan Stavans para ofrecer un puñado de entrevistas, almorzar con
los amigos —que no son pocos por estos lares— y presentar su más
reciente trabajo en el marco de la Feria del Libro.
El escritor nacido en México
en 1961 es autor de una prolífica obra que incluye en español La
pianista manca y otras historias y La condición Hispánica..
Asimismo en inglés pueden leerse Art and Anger: Essays on Politics
and Imagination; Tropical Synagogues: Short Stories by Jewish Latin
American Writers; The Hispanic Condition: Reflections on Culture and
Identity in America, The Oxford Book of Latin American Essays.
Stavans obtuvo en 1992 el Premio
Latino de Literatura, en 1994 fue nominado para el National Book Critics
Award for Excellence in Reviewing, y en 1998 la beca Guggenheim. Actualmente
es profesor del departamento de español de Amherst College en Massachusetts
y editor de la prestigiosa serie Jewish Latin American de la Universidad
de Nuevo México, enfocada hacia la traducción y promoción de escritores
latinoamericanos judíos en los Estados Unidos.
Stavans, hijo de un actor del
teatro yiddish y de telenovelas, comenzó a escribir en la adolescencia,
cuando la vena artística del hogar lo estimulaba a expresarse más
allá de las palabras cotidianas. Sus abuelos paternos y maternos, provenientes
de Polonia y Ucrania, formaron parte de esa primera oleada migratoria
que conformó a partir de los años 30 la comunidad ashkenazí mexicana.
El destino lo llevó hace una década ya al país del norte, desde donde
ha podido mirar con otra sensibilidad el gran laboratorio de metáforas
que para él constituye América Latina.
—¿Es posible ser judío
y mexicano a la vez?
—Nací en México por accidente.
Estoy muy agradecido con mi país natal por haberle abierto las puertas
a mis ancestros cuando huían de Europa, pero muchos de ellos sólo
soñaban con asentarse en los Estados Unidos y terminaron quedándose
en el país azteca porque les fue muy bien. México es un país increíblemente
generoso, su gente es de corazón abierto y ha hecho sentir a los inmigrantes
judíos como en su casa. Sin embargo, uno nunca termina de sentirse
mexicano del todo. Esa dialéctica genera una sensación de ser y no
ser. Crecí sintiéndome como una especie de huésped que rentó una
casa que nunca llegaría a ser propia.
—¿Es un callejón sin
salida?
—En mi caso eso se ha resuelto
con mi emigración a los Estados Unidos, que ha creado una especie de
triángulo, donde la tensión que había entre ser judío y mexicano
quedó perfectamente balanceada por la presencia de una tercera identidad.
Ahora no me siento forzado a decidir, a presentarme bajo ninguna nacionalidad.
Siento que las tres identidades se ayudan.
—¿Porqué se fue de México?
—No me canso de decir que
la razón de mi emigración fue el que yo quería ser un escritor judío
y allá encontraba dos obstáculos. Por un lado, en México no hay todavía
un lectorado interesado en el tema, a diferencia de lo que ocurre en
Estados Unidos, donde el libro entra en el mercado automáticamente
puesto que el tema interesa. Por otra parte, la comunidad judía mexicana
no está dispuesta a la crítica. Cuando escribí mi libro La pianista
manca, fue bien recibido, pero por ser una novela crítica sobre
la comunidad no circuló adecuadamente.
—¿Cómo desenredar el
asunto?
—La sensación de asfixia
me llevó a pensar que quizá en Israel encontraría un balance y por
una época me fui para allá. Amo a Israel pero nunca he sido sionista
y no me sentí bien. Soy un judío diaspórico por excelencia, me siento
bien entre una mayoría que no es judía. Pero no en un sitio donde
la minoría judía se aísla y vive en un gueto.
—¿Ha trabajado en ello?
—Es un tema sobre el que
he estado reflexionando y escribiendo últimamente. Escribí un libro
que está a punto de salir en el que abordo el tema a través de varios
textos. Uno de ellos es sobre mi abuela, que vino de Europa del este
en la década de los 20. La tomo como excusa para hablar del proceso
de emigración y asimilación en Ciudad de México, así como de la
fundación de instituciones de infraestructura de la comunidad. Luego,
hay otro capitulo sobre la relación de mi abuela con mi padre y esto
como excusa para ver qué pasó con la segunda generación dentro de
la cultura askenazi, pero siempre con un tono de ambigüedad entre lo
mexicano y lo judío. Finalmente, los últimos capítulos son sobre
la tercera generación y cómo cada quien busca su propia trayectoria.
—¿Se puede realmente
ser un judío latinoamericano?
—Me siento más judío latinoamericano
desde que vivo fuera de América Latina. Se puede más bien ser un intelectual
judío latinoamericano, pero para ello hay que vivir al margen de la
comunidad. Para ser escritor tienes que estar de alguna manera descontento.
Eso no significa vivir en la miseria emocional. Pero si estuvieras contento
no tendrías porque escribir. La escritura es un intento de arreglar
el mundo, explicarlo y mejorarlo. En el contexto de los escritores judíos
en cualquier parte del mundo, eso se da a partir de la tensión entre
dos culturas que chocan: la rusa y la judía en el caso de Isaac Babel,
la checa y la judía en Franz Kafka. En ese sentido los judíos latinoamericanos
no somos una excepción.
—¿Funciona la autocrítica?
—Son pocas las comunidades
judías urbanas que aceptan la autocrítica, pues por su propio metabolismo
necesitan cerrarse para sobrevivir y ese es un mecanismo fundamental
que nos hace estar donde estamos. Pero al mismo tiempo ese mecanismo
aborta a ciertos elementos que cuando jóvenes son vistos como peligrosos
porque critican, pero que en última instancia lo que necesita es simplemente
quejarse.
—¿Para quien escribe
un judío?
—Si se escribe una novela
crítica sobre la comunidad ella misma no va a querer leerla y si se
escribe para afuera se resulta un hereje. La población nacional quizá
se interese si la novela tiene ciertos elementos laicos o locales. Pero
la comunidad judía hará lo posible para que ese libro no llegue muy
lejos. Hay casos en Argentina y Brasil donde se han publicado novelas
muy duras y la familia o la comunidad han comprado la edición completa
para que no se distribuya, convirtiéndola inmediatamente en una especie
de best seller, pero sin lectores.
—¿Desde cuando hay conciencia
de literatura judía en Estados Unidos?
—Los libros judíos se distribuyen
y leen muy bien en Estados Unidos desde 1950. Saul Bellow escribe una
novela y la lee todo el mundo y no por ser precisamente un precursor.
Antes de él estaban muchos otros que escribieron a finales del siglo
pasado y en los años 20, cuando la transición del yiddish al inglés,
momento en que la literatura no es ya intraétnica sino que cruza fronteras
y es leída por una gran población.
—¿Y quién lee a los
escritores judíos latinoamericanos?
—En el contexto norteamericano
tienen un gran público y en ello ocurre un fenómeno muy particular.
Los judíos latinoamericanos escribimos novelas o cuentos en español
desde 1910, cuando se publica en Argentina el primer texto judío oficialmente
reconocido, Los gauchos Judíos. Antes de él y después han
existido textos en yidish que, sobre todo en Cuba, Brasil, Argentina
y México, tratan de fungir como una especie de espejo del proceso de
asimilación. Pero el libro de Los gauchos judíos inaugura la tradición que yo llamo cervantina, que es la de considerar
al español como el idioma de comunicación y vehículo para narrar
las aventuras de los judíos en el continente. Cervantes no es un accidente
pues Berchurov era un amante del escritor español y quería cambiar
del yiddish de Sholem Alejem al español de Cervantes para emular al Quijote. Aunque a mi gusto el Quijote no está tan bien escrito,
pero eso es otra cosa…
—¿Ser judío es una ventaja?
—Claro que sí. Esa ambigüedad
del escritor judío es materia prima para su trabajo. Sin ella no habrían
escrito Kafka o Babel. El que vivamos consumidos por preguntas como
quién soy, cuál es mi identidad, terminan forzándonos a tratar de
escribir un libro que solucione o responda a esas preguntas. Esa ambigüedad
es por tanto lo que define la Serie que dirijo en la Universidad de
Nuevo México. El hecho de que Moacyr Scliar en Brasil describa lo que
es ser brasileño y judío a través de personajes inventados, de alguna
manera le sirve al argentino para verse reflejado.
—¿Porqué una colección
en inglés?
—El inglés es hoy como el
yiddish en el siglo XIX, una lengua franca. Es casi como traducir a
los escritores judíos a una lengua judía que nos permite una comunicación
mundial mucho más directa que en hebreo o en español.
—¿De que manera contribuye
la serie que dirige?
—Por razones políticas e
intelectuales, muchos de los escritores judíos no viven en América
Latina sino en Israel o Estados Unidos. La idea de la Serie es crear
una especie de isla artificial con un función doble. Por una parte,
introducir en los Estados Unidos una literatura nueva, pues ese país
está muy interesado en la cultura judía en general y sobre todo en
disposición de ir más allá de las fronteras nacionales, interesándose
en lo que ocurre con los judíos en distintos lugares del mundo. Por
otro lado y he ahí la contradicción, la Serie trata de crear una tradición
que no existe debido a que ni siquiera existe una tradición continental
con la literatura en general. La serie no busca presentar a los autores
como entidades locales sino continentales, sin proponer influencias.
La idea es mostrar que, aún comunidades aisladas por razones históricas
distintas, han producido textos muy interesantes. El norteamericano
tiene el privilegio de leer estas obras en un tiempo en el que ni siquiera
los latinoamericanos conocen lo que ocurre un otros países. Mi sueño
es que la Serie tenga mucho éxito y que en Argentina, por ejemplo,
se puedan publicar luego las novelas de los mexicanos, venezolanos,
cubanos; que en el continente podamos leernos los unos a los otros en
la lengua original.
—¿Es la literatura judía
una rareza en los terrenos multiétnicos gringos?
—El público norteamericano
quiere leer literatura latinoamericana no porque sea algo exótico,
sino porque existe y quieren profundizar en su conocimiento. En Estados
Unidos se lee con una visión literaria pero también antropológica.
Y estas novelas, hay que reconocerlo, son producto de una necesidad
antropológica de explicar quiénes somos. No hemos llegado en nuestra
tradición a producir novelas donde la antropología quede atrás. No
ha habido una figura catártica que revalúe la tradición y la lleve
un paso más allá.
—¿Hay madera para ello?
—Las comunidades judías
de América Latina conforman el cuarto centro de población más importante
del mundo judío. Hay más judíos aquí que Europa, África y Australia.
Y sin embargo, sabemos tan poco de nosotros. Han pasado ya los años
suficientes para dejar saber a otros quiénes somos y qué hemos hecho,
así como para darnos el lujo de montar una infraestructura editorial.
Entre los judíos latinos hay una creatividad fabulosa y se pueden escribir
grandes obras.
—¿Porqué impulsar esa
literatura desde tan lejos?
—Gabriel García Márquez
decía en alguna ocasión que para tener éxito en América Latina alguien
tenía que reconocerte en Estados Unidos y si un libro está en traducción
tus colegas de Bogotá te leen en el original. Creo que hay algo de
eso, un sentimiento de inferioridad que nos dice que si nos leen en
el norte hemos llegado.
|
| |
|