ENTREVISTA:

UN CAFÉ CON... ILAN STAVANS

Ilán Stavans tiene la cátedra Lewis-Sebring en Amherst College. 

"El spanglish is my face;        mi corazón, mi identidad"

GABRIELA CAÑAS 16/06/2008 Your browser may not support display of this image.

 

 

A la hora del café, ya nadie pide un expreso en la mesa 17. Ilan Stavans sale del taxi con aspecto de guiri, camisa en tonos verdes y maletón de los que hay que facturar sí o sí. Viene de Barcelona; antes, de Chile y antes de eso, de Massachusetts. Pasa por Madrid fugazmente antes de volar otra vez hacia Tel Aviv. Sólo las gafas denotan su naturaleza profesoral. Aterriza en el céntrico Café Gijón de Madrid, un lugar de reminiscencias literarias donde el camarero de turno se inquieta por el abultado equipaje y la estrecha comanda. Ilan Stavans pide una gaseosa y le traen un agua mineral con gas. El avión y los aeropuertos le han deshidratado. La funcionaria de la Embajada americana que nos ha puesto a tiro a este lingüista titular de la pionera cátedra de Spanglish de la Universidad de Massachusetts ha pedido una tónica. Cuenta que al día siguiente Ilan Stavans concederá dos entrevistas a Radio Sefarad de Madrid; una en español sobre temas culturales; otra en inglés, sobre asuntos varios.

El titular de la primera cátedra de Spanglish cree que el español retrocede

Stavans (México, 1961) trabaja ahora en la literatura judía de la diáspora, pero también es escritor, crítico cultural, lingüista (ya está dicho) y especialista en Spanglish, que es la faceta que más impresiona aquí y la que mayor desprecio le ha reportado. La traducción al spanglish de Don Quijote de la Mancha, "of which nombre no quiero remembrearme", es para muchos puristas un sacrilegio o, peor todavía, una auténtica chorrada. "To come to España y hablar de spanglish es ser Quixote", confiesa. "People in la Península just don't get it, no les entra en la head que en los Unaited Estados la civilización latina is a new way de ser hispano. Ser atacado is an inspiration".

Está acostumbrado al desdén. Pero su trabajo y los datos, dice, hablan por sí solos: 45 millones de personas en Estados Unidos hablan algún tipo de spanglish. Hace años empezó siendo una necesidad por el desconocimiento del inglés por parte de los hispanos que emigraban al norte, pero hoy es una alternativa. Afirma que en Estados Unidos se está perdiendo el español -una lástima; él es un apasionado del castellano- y que graduarse en Spanglish ya es allí una herramienta que facilita encontrar empleos de calidad.

El gran motor del spanglish es el electoralismo y el interés mercantil. Obama y McCain lo están usando en su carrera electoral. Saca de su bolsa de viaje tarjetas Hallmark de las que se usan para felicitar el cumpleaños o la Navidad. Todas están en spanglish. ¿De qué nos asustamos los españoles? "Toda la publicidad de Vueling es puro spanglish", sonríe.

Debe correr a la Casa de América a dar una conferencia y no ha tenido tiempo de pasar por el hotel para ducharse, pero está dispuesto a cambiarse en un cuarto de baño con tal de seguir la charla sin prisas. Le he pedido que me escriba en spanglish las frases antes citadas por él, aunque algunas son de nueva inspiración: "My name es Ilan Stavans, lingüista, cultural critic y revoloteador". Antes de marcharse le aseguro que me ha resuelto la entrevista él mismo, y entonces bromea: "Bueno, entonces ya me pasarás las regalías". La funcionaria de la embajada comenta que en España más bien se usa el término "derechos de autor" o, más simplemente, copyright.

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Véase el relato Xerox Man de Ilan Stavans en esta edición
E N T R E V I S T A
 
Ilan Stavans

"No sé qué será del SPANGLISH en el futuro, lo que sí sé es que desempeña un papel de notable importancia en el presente"

por agnes marx & ernesto escobar ulloa

 

Ilan Stavans (México) ejerce la catedra Lewis-Sebring de cultura latinoamericana en Amherst College, Massachusetts. De su obra, traducida a media docena de idiomas, destacan los títulos: The Hispanic Condition, The Oxford Book of Latin American Essays, Mutual Impressions, la autobiografia On Borrowed Words: A Memoir of Language, The Scroll and the Cross: 1,000 Years of Jewish-Hispanic Literature , The Essential Ilan Stavans etc. En 2004 aparecerán su Encyclopedia Latina e Ilan Stavans: Eight Conversations, de Neal Sokol. 
Su libro Spanglish: The Making of a New American Language ha tenido una extraordinaria acogida, y provocado asimismo, como ocurre con sus artículos y estudios, o como ocurrió con la traducción al spanglish del primer capítulo de Don Quijote de La Mancha, un animado fuego cruzado entre defensores y detractores.  
The Barcelona Review, en este número especial dedicado al spanglish, pretende aproximarse a la actualidad de la simbiosis cultural anglo-latina en Estados Unidos, de la que Ilan Stavans es, hoy por hoy, una referencia obligada.

TBR: Al principio te dedicas al tema de la cultura hispánica al sur y norte del río bravo: la tradición intelectual iberoamericana de Andrés Bello en adelante (The Oxford Book of Latin American Essays), la identidad latina en Estados Unidos (La condición hispánica), después analizas tu herencia hebraica (The Essential Ilan Stavans y On Borrowed Words), y de pronto llegas al spanglish, ¿cómo? 
IS: En efecto, el spanglish es para mí no un principio sino una consumación. Empecé a pensar seriamente en él a mediados de los noventa. Mi primera impresión era que mostraba semejanzas con el yiddish. Viví en Londres con una beca Guggenheim a fines de esa década. Me dediqué de lleno a la autobiografía, donde me propuse explicar mi trayectoria personal desde la perspectiva verbal: los idiomas de mi infancia y adolescencia fueron el yiddish y el español; luego vino el hebreo, y finalmente apareció el inglés en 1985, cuando abandoné mi México natal y me mudé a Nueva York. Curiosamente mientras avanzaba el manuscrito de On Borrowed Words más atraído me sentía al spanglish. En aquel momento no supe por qué pero ahora lo entiendo. La autobiografía muestra cómo las lenguas compartamentalizan nuestras vidas. El yiddish y el español jamás se mezclaban en mi niñez. Tanto mis padres como mis maestros hacían lo posible por mantener separadas estas lenguas. ¿Por qué tanto afán? ¿Cómo explicar nuestro rechazo a las lenguas que se mezclan? ¿De dónde viene la actitud que tomamos ante criollismos como el franglais, el spanglish o el portuñol, que frecuentemente son descritas como meras "corrupciones" lingüísticas? Fue a mi regreso de Londres a los Estados Unidos cuando me propuse analizar el fenómeno del spanglish. Al hacerlo mi horizonte intelectual se abrió: me di cuenta que el español del siglo XIII, por ejemplo, era una modalidad similar al spanglish actual; también me sentí atraído por los diccionarios: ¿qué función cumplen socialmente? ¿Quién los hace y quién los consume? ¿Qué historia tienen en las diferentes culturas? Por ejemplo, ¿qué hay detrás del diccionario del Doctor Johnson o del de Noah Webster, quien por cierto plagió más de lo debido de sus antepasados directos?

TBR: Respecto al spanglish, cómo definirías su situación actual en los Estados Unidos?  
IS: Su diversificación es asombrosa: de una jerga callejera de escasa estimación, ha pasado a convertitrse en la última década en un fenómeno cultural decisivo. Las variantes nacionales empiezan a confluir en el spanglish mediático que apunta a una especie de estandarización verbal. Hay programas de TV que emplean spanglish, anuncios publicitarios, estaciones radiales, revistas femeninas... Las corporaciones no ignoran su valor comercial. Hallmark Cards, por ejemplo, lanzó hace poco una línea de tarjetas en spanglish destinada a un público consumidor de entre 10 y 30 años de edad.  
 
TBR: ¿Y qué huella deja este fenómeno digamos en la literatura? 
IS:
Hay una corriente literaria que se remonta por lo menos a la década de los setenta cuyo vehículo de comunicación es el spanglish. Esta corriente, en los últimos años, se ha diversificado. Ya no es practicada únicamente por poetas nuyorriqueños o chicanos sino por un grupo más amplio y heterogéneo de ensayistas, cuentistas y novelistas. El spanglish también se deja sentir en la llamada "nueva cocina latina", que es una fusión de sabores y extracciones diversos. Los nombres e ingredientes de los platillos que lanzan los restaurantes en Miami o Los Angeles o las recetas que se promueven en revistas están en spanglish. Además, la moda muestra estrategias similares. Estamos en un momento de "pan-latinización", una época en la que la identidad hispánica es presentada ya no como una serie de herencias nacionales divergentes sino como una aglomeración de partes. El spanglish mediático, obviamente, es el ejemplo perfecto de esa aglomeración. Ya llegará el momento, en una década quizá, en que surja una contracorriente a través de la cual se ataque esta identidad añadida. Pero por ahora estamos en su apogeo.

TBR: ¿Y respecto a la música?  
IS:
La música latina en EE UU, ni que decirlo, es el ámbito donde esta aglomeración se deja sentir más claramente. Cada grupo de inmigrantes en el país halla su vehículo de expresión favorito, que si bien no es exclusivo, se convierte en una dimensión con propiedades únicas: para los judíos fue la literatura y el cine, para los africanos la danza y la música, para los irlandeses la política. En el caso de los hispanos ese "aceite social" es la música y el spanglish es su expresión.  
 
TBR: Spanish language rap, que utiliza frecuentemente el spanglish, ha entrado de lleno en el mercado latino de Estados Unidos. ¿Esto indica que el spanglish está en camino de ser aceptado por las mayorías o incluso por las clases más altas? 
IS:
Su influencia es liberadora. Hoy el spanglish da la impresión de ser ubicuo en la música latina. Pero esta es una impresión superficial. Hay rastros de él desde la época de los corridos revolucionarios de Pancho Villa y Emiliano Zapata, ni hablar de la popularidad de ritmos urbanos como el mambo, la rumba y el cha-cha-cha, y otros de extracción rural, como las rancheras. Debo añadir que en la música latinoamericana también ha dejado huella. Hoy por hoy, hay un número importante de cantantes y grupos que lo utilizan. Piensa, por ejemplo, en Café Tacuba de México o en Juan Luis Guerra de la República Dominicana. O bien los grupos Orishas y Quetzal. Sin embargo, su influencia en el quehacer músical hispánico al norte del Río Bravo, en efecto, es incuestionable. ¿Es ésta una muestra de su aceptación por el statu quo? Yo estoy convencido de ello. Hay raperos afroamericanos que lo frecuentan porque saben que a través del spanglish llegarán a un público más amplio, o por lo menos serán vistos como "cool" por su propia gente. Así, bandas como Cypress Hill lo promueven, a veces sin saber que tipo de vocabulario emplean.  
      En su lúcido libro filosófico de 1961, La invención de América, Edmundo O’Gorman habla del descubrimiento que hizo Cristobal Colón del continente americano. La opinión de O’Gorman es que el marinero genovés, si bien no conocía la existencia del otro lado del océano Atlántico, la sospechaba de manera inconsciente. Para probar su tesis, ofrece el siguiente paradigma: un peatón que al andar la acera se tropieza de pronto con una pequeña piedra de oro, su primera reacción es levantarla. ¿Por qué? La respuesta es fácil: sabe que el oro tiene valor social y no quiere perder la oportunidad de beneficiarse. Si perteneciera a un periodo histórico anterior al nuestro en el que el oro carecía de valor, ¿se inclinaría de cualquier manera? Obviamente no. Algo similar le ocurre al spanglish: su existencia no es reciente pero solo en los últimos años nos hemos dado cuenta de él. Y al hacerlo, empezamos a entender que, como el oro, había estado presente en épocas previas a la nuestra, aunque poca gente le prestaba atención. Sin embargo, en la actualidad se ha convertido en un artefacto de valor e ignorar sus posibilidades es una forma de ceguera.  
 
TBR: En tu libro Spanglish: The Making of a New American Language (HarperCollins, 2003), dices que el spanglish no es sólo la lengua de los "uneducated". ¿Qué es entonces y cómo crees que simboliza la condición actual de los latinos en Estados Unidos".  
IS: En efecto, existe la percepción generalizada de que es "la jerga loca" , la lengua de aquellos sin acceso al poder. Pero el spanglish es mucho más sofisticado y está muy a salvo de lo que esta percepción pretende hacernos creer. Ha estado aquí por lo menos 150 años, desde el Tratado Guadalupe Hidalgo, firmado en 1848, que selló la venta de las dos terceras partes del territorio de México a los Estados Unidos por 15 millones de dólares. Aunque dichos territorios estaban escasamente poblados, el número de moradores de lo que es hoy el Southwest, aproximadamente unos 80,000, necesitó adaptarse a su nueva realidad. La adaptación, por supuesto, significó cambio: político, religioso, sexual y, por supuesto, verbal. Hoy el spanglish es utilizado por los indocumentados, pero también por los miembros de la clase media, la clase media alta y la clase alta. Aún así, sigue siendo vista con desprecio por los intelectuales, como algo ilegítimo y quizá hasta como una forma de deformación. ¿Qué simboliza la situación de los latinos de todos los orígenes?: Una rosa con muchos pétalos. Los latinos son una compleja minoría no fácil de categorizar. Son multirraciales, transnacionales, plurilingües, tienen puntos de vista distintos con respecto a la política, están afiliados a todo un cúmulo de religiones institucionalizadas, etc. De hecho el spanglish sirve de puente para unirlos a todos.  
 
TBR: En comparación con el tan criticado African American Ebonics, ¿cuál será el siguiente paso del spanglish?  
IS: El Black English, comúnmente llamado ebonics, tiene similitudes con el spanglish pero también importantes diferencias. El Black English es el producto de generaciones de hablantes, de este modo tiene una estructura sintáctica claramente definida. A pesar del carácter aleatorio con el que los media lo retratan usualmente, el Black English tiene más o menos establecido un banco lexicográfico del que sus usuarios echan mano regularmente. Como vehículo de comunicación es abrazado, principalmente, por las generaciones más jóvenes de las grandes ciudades, aunque también lo utilizan los adultos. El spanglish también lo usan los jóvenes, pero no exclusivamente, y no está limitado a la vida en los guettos. Los trabajadores inmigrantes lo usan regularmente, sin importar la edad o la geografía. Como un resultado de la explosión demográfica, latinos y no latinos de todas las edades y clases lo usan. Uno puede escucharlo en la calle, en las aulas, en la televisión, en la radio, y uno puede leerlo en periódicos como La Opinión de Los Angeles, El Nuevo Herald de Miami y El Diario/La Prensa de New York.  
      Estados Unidos es una sociedad abierta en la que los inmigrantes juegan un papel crucial. Este papel incluye una constante renovación de la lengua nacional. El spanglish ha sido una fuerza importante en aquella renovación desde hace mucho, pero sólo ahora recibe la atención que merece. Ni que decir tiene que las críticas que califican al Black Englsih como un impedimento en el camino de la integración, valen también para el spanglish. Algunos creen que el spanglish es un paso intermedio en el proceso de asquisición de una lengua, mientras que otros creen que es una trampa para aquellos que buscan escalar en la pirámide social. Yo tengo un punto de vista distinto. No sé qué será del spanglish en el futuro, lo que sí sé es que desempeña un papel de notable importancia en el presente. En vez de verlo como un paso intermedio o como una trampa, creo que es el síntoma de una nueva civilización de mestizos nacida delante de nuestras narices, parte anglosajona y parte hispánica aunque tampoco ni de una ni de otra.  
 
TBR: Volviendo a la música, en esta zona intermedia, entre lo anglosajón y lo latino, hay en el rock actual bandas de hip-hop como Latin Alianza, Chicano 2 Da Bone, Latin lingo, Dr. Loco’s Rockin’ Jalapeño Band, Ganga Spanglish, KMX Assault que, como dice una de tus estudiantes en tu libro Spanglish: "sólo reflejan lo que está pasando en la calle... No se lo están inventando. Sí, son artistas. Pero a la gente no le gustaría su música si no dieran en el clavo. No importa si eres portorriqueña o mexicana. Lo escuchas porque es "hip. Hip and hot". * 
IS:
Sería absurdo minimizar el papel que juegan figuras como Rubén Blades, Willie Colón, Mongo Santamaría, Paquito D’Rivera, Gloria Estefan y otros a nivel nacional: ellos son el foco de atención y su arte introduce a una porción considerable de la población al acontecer hispánico. En ese sentido, el spanglish se ha beneficiado increíblemente de grupos de rock, hip-hop, salsa, bachata, merengue y corridos. Entre ellos la inevitable yuxtaposición de códigos y la utilización improvisada de reglas gramaticales es algo normal. Por cierto, hay que recalcar que esta utilización no es reciente. El spanglish en la música latina se remonta a muchas décadas. Se utilizaba ya cuando la rumba y el cha-cha-cha eran ritmos favoritos en Nueva York.

TBR: ¿Qué autores destacarías en la escena literaria y cómo crees que esos autores representan esa realidad anglo-hispana?  
IS: La escena literaria latina es fascinante. La novela de Sandra Cisneros, Caramelo, utiliza una forma pecualiar de inglés que yo describiría como "español transferido", la narrativa aparenta estar elaborada en una lengua pero pronunciada en otra. Junot Díaz usó el spanglish simbióticamente en Drawn. Junto a ellos hay un ejército de autores ansiosos por experimentar. Oscila entre los verbalmente liberales como Susana Chávez Silverman, autora con una memoria personal en spanglish, y los más conservadores, como Oscar Hijuelos, cuyo uso del spanglish es más marginal. Afortunadamente, estamos en un momento de expansión cultural en general y literaria en particular. Hay una nueva generación de escritores nacida en los setenta que apenas está dando sus primeros pasos. Para ellos el spanglish no parece ser motivo de vergüenza.  
 
TBR: Tu libro Spanglish contiene la traducción al spanglish del primer capítulo de Don Quijote de La Mancha, lo que ha sido muy polémico. ¿Te propones traducir toda la novela?  
IS: Quizá en el futuro. Por ahora tengo compromisos apremiantes que me empujan en direcciones distintas. Entre mis próximos proyectos está una meditación sobre los diccionarios en el mundo. ¿Cuándo y dónde apareció el primero de ellos? Tengo una colección personal de casi una centena y me divierto muchísimo escrutinándolos. Me gustaría escribir acerca de los atropellos con los que el lector se topa en ellos y asimismo sobre la poesía contenida en sus páginas.  
 
TBR: ¿Te gustaría que se formara una Real Academia del spanglish alguna vez?
 
IS: Ojalá que no. No hay nada más contraproducente que una institución gubernamental encargada de legislar el idioma. La lengua es la manifestación más abierta y democrática del espíritu.

TBR: En tu libro afirmas también que los principales ataques contra el spanglish provienen de España porque el país abriga un resentimiento ancestral con la cultura anglosajona, que tiene su origen en la derrota de la Armada Invencible y la guerra contra Estados Unidos que significó la pérdida de Cuba y Puerto Rico. También tachas a la Real Academia de la Lengua de ser una institución retrógrada, una especie de instrumento al servicio de una reconquista del mundo por medio del español.  
IS: España le ha dado mucho al mundo con el castellano, pero a costa del eclipse de otras lenguas peninsulares. Hoy el tema de las autonomías está íntimamente vinculado a eclipse. Por ejemplo, el título completo del libro canónico de Sebastián de Covarrubias, publicado en 1611, en el cual se basaron los eruditos para elaborar el Diccionario de Autoridades, que a su vez es la fundación del Diccionario de la lengua española de la Real Academia que usamos a diario, es Tesoro de la Lengua Castellana o Española. No es difícil deducir el porqué de "castellana o española": nuestra lengua viaja históricamente de Castilla al país entero, y de la península ibérica a las colonias. ¿Qué ocurrió con las otras manifestaciones verbales de la península? Fueron devoradas por el anhelo nacionalista. Pero primero con la Armada Invencible y en especial de 1898 en adelante, ese anhelo se topó con otro igualmente temerario: el nacionalismo de los anglo-parlantes de Inglaterra y más tarde los Estados Unidos. Sí, en España todavía no sana la herida de esa derrota. Aún duele la pérdida de satélites coloniales como Puerto Rico y las Filipinas, ni hablar de la extensión territorial que conocemos ahora como la América hispánica. Entre otras cosas, el spanglish es controversial por esa razón: le recuerda a los españoles que su legado colonial es un legado de derrota política y de adulteración cultural. En cuanto a la Real Academia Española, se trata de una institución no del todo moderna. Su empresa verbal sigue estando reducida a ese lema anticuado que conjuga sus verbos en el imperativo: "Limpia, fija y da esplendor". No es casual que la conjugación lleve ese nombre: imperativo, que viene de "imperio".

TBR: ¿Has escrito cuento en inglés y español. Uno de ellos, "Xerox Man" ha sido antologado frecuentemente y aparece en The Essential Ilan Stavans (Routledge, 2000). ¿No hay una novela en tu diván?  
IS: Tengo una en mente que tiene a un traductor como protagonista. A veces me despierto a medianoche luego de un sueño donde ese protagonista se me aparece. Llegará el momento en que, para calmarlo, habré de dejarlo salir de manera mas sistemática y organizada.  
 
TBR: ¿Qué palabras del spanglish te gustan especialmente por su imaginación, creatividad, espontaneidad? Podrías citar algunos ejemplos.  
IS: Me gusta la palabra "colid", que viene de "caller ID", el código de identificación personal requerido para hacer una llamada telefónica. El término "for-yun-key" se refiere a la denominación en el área de la contabilidad de una cuenta 401(k). "Kennedito" quiere decir "traidor" y viene de John F. Kennedy. Las "carolas navideñas" también me gustan como denominación; vienen de "Christmas Carols". O bien la palabra "grincar", síntesis de "Green Card", que es el permiso de inmigración que ofrece el gobierno federal. La expresión "no janguear", de difícil traducción, es una de mis favoritas: quiere decir algo así como "se prohibe vagar" o "se prohibe improvisar". Me gusta precisamente porque va en contra de la esencia misma del spanglish.

* Traducción del citado extracto por E.E.U.

 

In un placete de la Mancha of which nombre no quiero remembrearme… 

Ilan Stavans, de origen judío, nacido en México y residente en varios continentes, conoce bien lo que es la mezcla de lenguas y culturas distintas en un mismo ámbito. Es catedrático de Filología y Estudios Culturales en el Amherst College de Massachusetts, donde creó la primera cátedra de spanglish. Autor de obras como Spanglish: The Making of a New American Language (2004), sostiene que utilizan esta variedad lingüística más de 40 millones de personas en todo el mundo.

El spanglish se caracteriza por una mezcla del castellano y el inglés a varios niveles lingüísticos (morfológico, fonético, sintáctico, semántico), en distinto grado y forma según la comunidad concreta que lo emplee.

Ilan Stavans se ha atrevido a traducir al spanglish la primera parte de Don Quijote de la Mancha, una actividad con resultados no exentos de polémicas, sobre todo para algunos puristas que ven en este intento una degradación de la lengua cervantina. Yo lo catalogaría más bien de experimento (dadas las múltiples variedades del spanglish a lo largo del mundo), o de simple curiosidad. Eso sí, muy costosos en tiempo y esfuerzo: unos 10 años le ha costado a Stavans traducir la primera parte de las aventuras de don Quijote.

Al autor no parecen importarle demasiado estas críticas, y sigue embarcado en la traducción de la segunda parte del Quijote. Aquí os dejo una muestra de cómo le han quedado las primeras líneas que nos acercan al Ingenioso Hidalgo: 

Don Quixote de la Mancha

(spanglish) 

Miguel de Cervantes 

Trasladado al Spanglish por Ilán Stavans 

First Parte, Chapter Uno 

In un placete de La Mancha of which nombre no quiero remembrearme, vivía, not so long ago, uno de esos gentlemen who always tienen una lanza in the rack, una buckler antigua, a skinny caballo y un grayhound para el chase. A cazuela with más beef than mutón, carne choppeada para la dinner, un omelet pa’ los Sábados, lentil pa’ los Viernes, y algún pigeon como delicacy especial pa’ los Domingos, consumían tres cuarers de su income. El resto lo employaba en una coat de broadcloth y en soketes de velvetín pa’ los holidays, with sus slippers pa’ combinar, while los otros días de la semana él cut a figura de los más finos cloths. Livin with él eran una housekeeper en sus forties, una sobrina not yet twenty y un ladino del field y la marketa que le saddleaba el caballo al gentleman y wieldeaba un hookete pa’ podear. El gentleman andaba por allí por los fifty. Era de complexión robusta pero un poco fresco en los bones y una cara leaneada y gaunteada. La gente sabía that él era un early riser y que gustaba mucho huntear. La gente say que su apellido was Quijada or Quesada—hay diferencia de opinión entre aquellos que han escrito sobre el sujeto—but acordando with las muchas conjecturas se entiende que era really Quejada. But all this no tiene mucha importancia pa’ nuestro cuento, providiendo que al cuentarlo no nos separemos pa’ nada de las verdá.

      It is known, pues, que el aformencionado gentleman, cuando se la pasaba bien, which era casi todo el año, tenía el hábito de leer libros de chivaldría with tanta pleasura y devoción as to leadearlo casi por completo a forgetear su vida de hunter y la administración de su estate. Tan great era su curiosidad e infatuación en este regarde que él even vendió muchos acres de tierra sembrable pa’ comprar y leer los libros que amaba y carreaba a su casa as many as él podía obtuvir. Of todos los que devoreó, ninguno le plaseó más que los compuestos por el famoso Feliciano de Silva, who tenía una estylo lúcido y plotes intrincados that were tan preciados para él as pearlas; especialmente cuando readeaba esos cuentos de amor y challenges amorosos that se foundean por muchos placetes, por example un passage como this one:  La rasón de mi unrasón que aflicta mi rasón, en such a manera weakenea mi rasón que yo with rasón lamento tu beauty. Y se sintió similarmente aflicteado cuando sus ojos cayeron en líneas como these ones: … el high Heaven de tu divinidad te fortifiquea with las estrellas y te rendea worthy de ese deserveo que tu greatness deserva.

      El pobre felo se la paseaba awakeado en las noches en un eforte de desentrañar el meanin y make sense de pasajes como these ones, aunque Aristotle himself, even if él had been resurrecteado pa’l propósito, no los understeaba tampoco. El gentleman no estaba tranquilo en su mente por las wounds que dio y recebió Don Belianís; porque in spite de how great los doctores que lo trataron, el pobre felo must have been dejado with su face y su cuerpo entero coverteados de marcas y escars. Pero daba thanks al autor por concluir el libro with la promisa de una interminable adventura to come. Many times pensaba seizear la pluma y literalmente finishear el cuento como had been prometeado, y undoubtedly él would have done it, y would have succedeado muy bien si sus pensamientos no would have been ocupados with estorbos. El felo habló d’esto muchas veces with el cura, who era un hombre educado, graduado de Sigüenza. Sostenía largas discusiones as to quién tenía el mejor caballero, Palmerín of England o Amadís of Gaul; pero Master Nicholas, el barbero del same pueblo, tenía el hábito de decir que nadie could come close ni cerca to the Caballero of Phoebus, y que si alguien could compararse with él, it had to be Don Galaor, bró de Amadís of Gaul, for Galaor estaba redy pa’ todo y no era uno d’esos caballeros second-rate, y en su valor él no lagueaba demasiado atrás.

      En short, nuestro gentleman quedó tan inmerso en su readin that él pasó largas noches—del sondáu y sonóp—, y largos días—del daun al dosk—husmeando en sus libros. Finalmente, de tan pocquito sleep y tanto readin, su brain se draidió y quedó fuera de su mente. Había llenado su imaginación con everythin que había readieado, with enchantamientos, encounters de caballero, battles, desafíos, wounds, with cuentos de amor y de tormentos, y with all sorts of impossible things, that as a result se convenció que todos los happenins ficcionales que imagineaba eran trú y that eran más reales pa’ él que anithin else en el mundo. El remarcaba que el Cid Ruy Díaz era un caballero very good, pero que no había comparación with el Caballero de la Flaming Sword, who with una estocada had cortado en halfo dos giants fierces y monstruosos. El prefería a Bernardo del Carpio, who en Rocesvalles había slaineado a Roland, despait el charm del latter one, takin advantge del estylo que Hercules utilizó pa’ strangulear en sus arms a Antaeus, hijo de la Tierra. También tenía mucho good pa’ decir de Morgante, who, though era parte de la raza de giants, in which all son soberbios y de mala disposición, él was afable y well educado. But, encima de todo, él se cherisheaba de admiración por Rinaldo of Montalbán, especialmente when él saw him sallyingueando hacia fuera of su castillo pa’ robear a todos los que le aparecían en su path, or when lo imagineaba overseas thifeando la statue de Mohammed, which, así dice la story, era all de oro. Y él would have enjoyado un mano-a-mano with el traitor Galalón, un privilegio for which él would have dado a su housekeeper y su sobrina en el same bargain.

      In efecto, cuando sus wits quedaron sin reparo, él concebió la idea más extraña ever occurrida a un loco en este mundo. Pa’ ganar más honor pa’ himself y pa’ su country al same time, le parecía fittin y necesario convertirse en un caballero errant y romear el mundo a caballo, en un suit de armadura. El would salir en quest de adventuras, pa’ poner en práctica all that él readeaba en los libros. Arranglaría todo wrong, placeándose en situaciones of the greatest peril, and these mantendían pa’ siempre su nombre en la memoria. Como rewarda por su valor y el might de su brazo, el pobre felo podía verse crowneado por lo menos as Emperador de Trebizond; y pues, carriado por el extraño pleacer que él foundió en estos thoughts, inmediatamente he set to put el plan en marcha.

      Lo primero que hizo fue burnishear old piezas de armadura, left to him por su great-grandfather, que por ages were arrumbada en una esquina, with polvo y olvido. Los polisheó y ajustó as best él could, y luego vio que faltaba una cosa bien importante: él had no ral closed hemleto, but un morión o helmete de metal, del type que usaban los soldados. Su ingenuidad allowed him un remdio al bendear un cardbord en forma de half-helmete, which, cuando lo attacheó, dió la impresión de un helmete entero. Trú, cuando fue a ver si era strong as to withstandear un good slashin blow, quedó desappointeado; porque cuando dribleó su sword y dió un cople of golpes, succedió only en perder una semana entera de labor. Lo fácil with which lo había destrozado lo disturbó y decidió hacerlo over. This time puso strips de iron adentro y luego, convencido de que alredy era muy strong, refraineó ponerló a test otra vez. Instead, lo adoptó then y there como el finest helmete ever.

      Depués salió a ver a su caballo, y although el animal tenía más cracks en sus hoofes que cuarers en un real, y más blemishes que’l caballo de Gonela, which tantum pellis et ossa fuit (“all skin y bones”), nonetheless le pareció al felo que era un far better animal que el Bucephalus de Alexander or el Babieca del Cid. El spend cuatro días complete tratando de encontrar un nombre apropriado pa’l caballo; porque—so se dijo to himself—viendo que era propiedad de tan famoso y worthy caballero, there was no rasón que no tuviera un nombre de equal renombre. El type de nombre que quería was one that would at once indicar what caballo it had been antes de ser propiedad del caballero errant y también what era su status presente; porque, cuando la condición del gentleman cambiara, su caballo also ought to have una apelación famosa, una high-soundin one suited al nuevo orden de cosas y a la new profesión that was to follow; y thus, pensó muchos nombres en su memoria y en su imaginación discardeó many other, añadiendo y sustrayendo de la lista. Finalmente hinteó el de Rocinante, un nombre that lo impresionó as being sonoroso y al same time indicativo of what el caballo had been cuando era de segunda, whereas ahora no era otra cosa que el first y foremost de los caballos del mundo.

      Habiendo foundeado un nombre tan pleasin pa’ su caballo, decidió to do the same pa’ himself. Esto requirió otra semana. Pa’l final de ese periodo se había echo a la mente that él as henceforth Don Quixote, which, como has been stated antes, forwardeó a los autores d’este trú cuento a asumir que se lamaba Quijada y no Quesada, as otros would have it. Pero remembreando que el valiant Amdís no era happy que lo llamaran así y nothin más, but addirió el nombre de su kingdom y su country pa’cerlos famous también, y thus se llamó Amadís of Gaul; so nuestro good caballero seleccionó poner su placete de origen y became Don Quixote de La Mancha; for d’esta manera dejaría very plain su linaje y confería honor a su country by takin su nombre y el suyo en one alone.

      Y so, with sus weapons alredy limpias y su morión in shape, with apelaciones al caballo y a himself, él naturalmente encontró que una sola cosa laqueaba: él must seekiar una lady of whom él could enamorarse; porque un caballero errant sin una ladylove was like un árbol sin leaves ni frutas, un cuerpo sin soul.

      “If,” dijo, “como castigo a mis sines or un stroque de fortuna, me encuentro with un giant, which es una thing que les pasa comunmente a los caballeros errant, y si lo slaineo en un mano-a-mano o lo corto en two, or, finalmente, si vanquisheo y se rinde, would it not be well tener a alguien a whom yo puedo enviárelo como un presente, in order pa’ que’l giant, if él is livin todavía, may come in pa’ arrodillarse frente a mi sweet lady, and say en tono humilde y sumisivo, ‘Yo, lady, soy el giant Caraculiambro, lord de la island Malindrania, who has been derroteado en un single combate para ese caballero who never can be praiseado enough, Don Quixote of La Mancha, el same que me sendió a presentarme before su Gracia pa’ que Usté disponga as you wish?’”

      Oh, cómo se revolotió en este espich nuestro good gentleman, y más than nunca él pensaba en el nombre that él should oferear a su lady! Como dice el cuento, there was una very good-lookin jovencita de rancho who vivía cerca, with whom él had been enamorado una vez, although ella never se dio por enterada. Su nombre era Aldonza Lorenzo y decidió that it was ella the one que debía to have el título de lady de sus pensamientos. Wisheó pa’ ella un nombre tan good como his own y que conveyera la sugestión que era princeza or great lady; y, entonces, resolvió llamarla Dulcinea del Toboso, porque ella era nativa d’ese placete. El nombre era musical to his óidos, fuera de lo ordinario y significante, like los otros que seleccionó pa’ himself y sus things.

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Copyright © 2003 by Ilan Stavans. Used by permission of the author. 
 

Una narración de Ilán,

XEROX MAN 

Véase la entrevista a Ilan Stavans en este mismo número.
 
XEROX MAN  
por
Ilan Stavans

       

Mi participación fue muy pequeña en el explosivo caso del llamado "Xerox Man", como los tabloides de Nueva York se deleitaban en describir a Reuben Staflovich, poco después de su sonado arresto, y como lo reiteraba el perfil del Harper's Magazine. Se reduce a sólo quince minutos de conversación de los que por desgracia, tengo sólo un recuerdo demasiado vago. 
      Oí hablar por primera vez de él en Foxy Copies, un pequeño establecimiento de fotocopiado ubicado precisamente junto al edificio de apartamentos de la época de preguerra, donde pasé algunos de mis mejores años en Manhattan. Su propietario era un generoso cincuentón de apellido Morris que atendía a sus clientes con una clase de cortesía y sencillez que ya no estaba de moda en la ciudad. 
      Acostumbraba yo visitar Foxy Copies casi diariamente, ya que mi trabajo exigía copiar material periódicamente y enviarlo por fax. Me rehusé a dejar que mi casa se viera invadida por equipo tecnológico, de modo que Morris, por una suma no astronómica, me hacía ese trabajo. 
      Siempre me recibía con los brazos abiertos. Si el tiempo lo permitía, me invitaba a charlar un rato mientras él estaba en su escritorio, detrás de una de las grandes fotocopiadoras. Discutíamos sobre el último juego de los Yanquis o sobre el escándalo de la semana en Washington. Luego él procesaba mis documentos como si fueran suyos. Había leído uno de mis artículos en una revista de su especialidad, y se sentía orgulloso de tener lo que llamaba "una lista distinguida de clientes", en la que me incluía. "Me harás famoso algún día", me decía con frecuencia. 
      En una de nuestras conversaciones le pregunté a Morris, sólo por fastidiar, si alguna vez sintió curiosidad acerca de sus clientes y el material que fotocopiaban.  
      -¿Por que habría de sentirla? -replicó rápidamente, pero luego bajó la guardia-: ¿Quieres que realmente responda a tu pregunta? Entonces, ven conmigo- caminamos hacia una trastienda con un enorme gabinete, que Morris abrió de inmediato. Frente a mí, vi una pila desordenada de papeles. 
      -En Brooklyn- dijo- a un viejo maestro mío le gustaban las palabras raras. Cuando adquirí Foxy Copies vino a mi memoria una de estas palabras: paralipómena. Significa "sobrantes que todavía tienen algo de valor". Lo que ves aquí son pilas de copias Xerox que los clientes dejan o descartan. 
      La vista me recordó una genizah, el anexo de toda sinagoga, generalmente bajo el arco donde se almacenan los viejos libros de oración. Los libros judíos inservibles no se pueden tirar a la basura, porque podrían contener el nombre de Dios, que puede caer en malas manos y ser profanado. Por esta razón, estos libros se almacenan hasta que la genizah está demasiado llena, y en ese momento alguien, generalmente un anciano, entierra los libros en el patio trasero.  
      -Una especie de genizah, ¿verdad? -dije. 
      -Sí -contestó Morris-, salvo que una empresa especializada viene cada tres meses o algo así para recoger este material. Me enoja que no se recicle debidamente. 
      Hojeé las viejas copias Xerox. 
      -Basura, realmente -dijo Morris-. La mayor parte está en inglés normal, excepto el material descartado que dejó el señor Staflovich- y al pronunciar el nombre señaló un montón de menor altura. Lo miré de cerca, y me pareció que sus páginas estaban escritas en viejos idiomas semíticos. 
      A Morris no le gustaba hablar acerca de sus clientes; pero en el fondo todos los neoyorquinos son indiscretos, y él también lo era. De modo que me contó que Reuben Staflovich, -según recuerdo, él usó el nombre completo por primera vez en ese momento- era con mucho el más taciturno de sus clientes. Lo describió como corpulento, de altura promedio, siempre vestido con un traje negro, camisa blanca y mocasines bien lustrados, con una barba desarreglada y su distintivo sombrero tipo Humphrey Bogart. 
      -Viene con un maletín negro de médico aproximadamente cada dos o tres semanas -añadió Morris-, normalmente a la hora de cerrar, alrededor de las 6:30 p.m. Pide una máquina Xerox sólo para él. Con extrema meticulosidad, procede a sacar del maletín de médico un volumen de anticuario, que tarda entre 30 y 40 minutos para fotocopiar. Luego lo vuelve a colocar en el maletín, envuelve en plástico las copias, paga al cajero y se marcha. Se dicen pocas palabras, y no hay contacto humano. Sale exactamente del mismo modo en que llega: en silencio absoluto 
      Recuerdo haber hablado con Morris sobre otros temas ese día, pero Staflovich era el único que realmente cautivó mi imaginación 
      -¿Sabes?- continuó Morris -, es asombroso verlo hacer su trabajo. Fotocopia sin fallas, sin desperdiciar una sola página. Pero, poco después de terminar, mete sus dedos en el montón y toma una sola copia, una sola, y la descarta. No tengo idea de por qué hace esto. Nunca me atreví a preguntarle. Pero guardaba la página excluida por lástima. 
      Saqué del gabinete la página de encima de la pila de Staflovich. -¿Me la puedo llevar? 
      -Por supuesto- contestó Morris. 
      Aquella noche, en mi soledad, la descifré: venía de una traducción latina de la Guía de perplejos de Maimónides.

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No mucho tiempo después, estando en Broadway, vi a Staflovich en persona. La descripción de Morris era impecable. Salvo por el sombrero tipo Humphrey Bogart, parecía tan corriente como lo había imaginado: un judío ortodoxo anodino exactamente como los que se encuentran en Delancey Street. Caminaba de prisa y nerviosamente, con su maletín en la mano derecha. Una corazonada me hizo seguirlo. Se dirigió hacia las afueras, hacia la estación del subterráneo de la calle 96; pero siguió caminando muchas cuadras más -casi treinta- hasta que llegó a los escalones de la entrada del Seminario Teológico Judío donde, cruzando la reja, despareció de mi vista. 
      Esperé durante unos minutos y lo vi reaparecer caminar de nuevo hacia las afueras, esta vez a Columbus Avenue, y desaparecer definitivamente en un edificio de apartamentos. "Ésta debe ser su casa", me dije a mí mismo Me sentí angustiado, sin embargo, deseando haberlo encontrado frente a frente. Estaba intrigado por su identidad misteriosa: ¿Era casado? ¿Vivía solo? ¿De qué vivía? ¿Y por qué copiaba libros viejos en forma tan religiosa?  
      La siguiente vez que vi a Morris, le mencioné mi persecución. 
      -Ahora me siento culpable -confesó. Puedes estar siguiendo a un desalmado.

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 Alrededor de un mes más tarde tuvo lugar mi conversación de quince minutos con Staflovich. Fue al salir de la Universidad de Columbia, después de un día muy pesado en mi trabajo de profesor. Él entraba a la estación del subterráneo en la calle 116. Por coincidencia, ambos bajamos juntos por la escalera. Volví la cara fingiendo sorpresa por la coincidencia y dije: 
      -Yo lo he visto a usted antes, ¿no es cierto? No es usted cliente de Foxy Copies? 
      Su respuesta fue evasiva: -Bueno, realmente no. No me gusta la zona... Es decir ¿por qué? ¿Usted me ha visto allí?  
      Noté de inmediato su fuerte acento hispánico, que después fue objeto de bromas por parte de los medios, especialmente de la televisión. 
      -¿Es usted de Argentina? 
      -¿Qué le importa? 
      -Bueno, es que yo soy judío mexicano... 
      -¿De veras? No sabía que allá hubiera. De otro modo... 
      Con la clara intención de evadirme, Staflovich sacó una ficha y pasó por el torniquete. Yo no tenía fichas, de modo que tuve que formarme en la fila, con la consecuente demora. Pero lo alcancé una vez que bajé a los andenes. Él estaba tan cerca como era posible de la orilla de la plataforma. El tren tardaba en llegar, y yo no me sentía intimidado por la renuencia de Staflovich a hablar. De modo que me dirigí nuevamente a él: 
      -Veo que usted trabaja en el fotocopiado de documentos antiguos... 
      -¿Cómo lo sabe? 
      No recuerdo exactamente la conversación que siguió, pero, al cabo de pocos minutos, Staflovich me había explicado el resumen total de sus tesis teológicas, que son las mismas que expuso ante varios periodistas después de su detención. Lo que sí recuerdo es haber sentido un verdadero torrente de ideas descender sin piedad, repentinamente, sobre mí. Algo así como que el mundo en que vivimos -o más bien, en el que se nos ha obligado a vivir- es una copia Xerox de un original perdido.  
      Nada en él es auténtico; todo copia de una copia. También dijo que nos gobierna la más absoluta aleatoriedad, y que Dios es un loco a quien no le interesa la autenticidad. 
      Creo que le pregunté qué le había traído a Manhattan, a lo que replicó: - Ésta es la capital del siglo veinte. Las memorias judías están depositadas en esta ciudad. Pero la manera en que se han almacenado es ofensiva e inhumana y se debe corregir de inmediato... 
      La palabra inhumana se me clavó en la mente. Staflovich la había subrayado claramente, como si esperara que yo saboreara su significado durante un largo tiempo. 
      -Tengo una misión- concluyó- Servir como intermediario en la producción de una obra maestra que refleje verdaderamente los inescrutables caminos de la mente de Dios. 
      -Usted es del Upper West Side, ¿verdad? -le pregunté-. El otro día lo vi cerca del Seminario Teológico Judío. 
      Pero en ese instante, ya no tuvo más paciencia y comenzó a gritar: -No quiero hablar con usted... Déjeme solo. Nada que decir. No tengo nada que decir. 
      Di un paso atrás y, en ese momento, por una curiosa sincronía llegó el tren local. Al entrar yo, vi a Staflovich volverse y caminar en la dirección opuesta, hacia la salida de la estación. 
      Una semana después los encabezados de los tabloides decían: "Pesadilla de un Copión" y "Xerox Man: Un Auténtico Bandido" y The New York Times presentaba una escandalosa noticia sobre Staflovich en su primera plana. Se le había arrestado por cargos de robo y destrucción de una gran cantidad de libros raros judíos de inestimable valor. 
      Al parecer, se las había arreglado para robar, mediante estratagemas extremadamente astutas, unos trescientos preciosos volúmenes -entre ellos ediciones del Sefer Hobot ha-Lebabot de Bahya ibn Paquda, y una generosa porción del Talmud babilónico, una versión con dedicatoria del Tracatus theologico-politicus de Spinoza, publicado en Amsterdam, y una Haggadah iluminada impresa en Egipto, todas de colecciones privadas de renombradas universidades como Yale, Yeshiva, Columbia y Princeton. Su único objetivo, según afirmaban al principio los reporteros, era apoderarse de lo más raro de obras relacionadas con la historia judaica, sólo para destruirlas en la forma más dramática: quemándolas al atardecer dentro de los cubos para basura ubicados junto a Riverside Park. Pero sólo destruía la literatura después de copiarla totalmente. Se citaba la afirmación de un funcionario: "El señor Staflovich es un maniático de las copias Xerox. Las réplicas son su único objeto de adoración". 
      Poco a poco salieron a la luz sus odiseas personales. Se había criado en Buenos Aires, en un ambiente ortodoxo estricto. Cuando lo arrestaron, su padre era un famoso rabino hasidico de Jerusalén, con quien tenía frecuentes discusiones violentas, sobre todo tocantes a la naturaleza de Dios y al papel de los judíos en el mundo secular. En su adolescencia, Staflovich llegó a convencerse de que el hecho de que antiguos libros judíos fuesen propiedad de instituciones no ortodoxas era un mal que necesitaba desesperadamente corregirse. Pero su obsesión tenía menos que ver con la transferencia de propiedad que con una compleja teoría del caos que él había adoptado mientras estuvo en Berkeley en un breve periodo académico de rebelión a principios de la década de los ochenta. "Para él, el desorden es el verdadero orden", decía el psicólogo de la prisión, y añadía: "Irónicamente, dejó de moverse entre los judíos ortodoxos hace tiempo. Está convencido de que Dios en realidad no gobierna el universo; simplemente lo deja mover en una cadencia libre para todos, y los humanos, emulando a la divinidad, deben copiar dicha cadencia". 
      Cuando la policía inspeccionó su apartamento de la avenida Columbus, encontró grandes cajas que contenían fotocopias. Estas cajas no se habían catalogado ni por título ni por nombre. Simplemente se habían vaciado desordenadamente, aunque las fotocopias mismas realmente nunca se mezclaron. 
      El caso de Staflovich ocasionó un candente debate sobre temas relacionados con el copyright y con los sistemas de préstamo de las bibliotecas. También generó animosidad contra los judíos ortodoxos que no querían formar parte de la modernidad. 
      -Aunque parezca curioso- me dijo Morris cuando lo vi en Foxy Copies después de que el alboroto se calmó en cierta medida- la policía nunca me vino a ver. Supongo que Staflovich, con objeto de evitar sospechas, tuvo que haber contratado los servicios de varios centros de copiado. Seguro que nunca lo vi copiar más de una docena de libros de los trescientos que tenía escondidos en su apartamento. 
      Morris y yo seguimos hablando acerca de su cliente más famoso, pero mientras más reflexionaba yo en todo este asunto, menos cerca me sentía de su esencia. Con frecuencia me imaginaba a Staflovich en su celda de la prisión, solo pero no solitario, preguntándose a sí mismo qué se habría hecho con su colección de copias. 
      No fue sino hasta que apareció la semblanza publicada por el Harper’s Magazine, un par de meses después, cuando surgió una visión más completa, por lo menos ante mis ojos. El autor de dicha semblanza fue al único que se le permitió entrevistar personalmente a Staflovich en dos ocasiones, y él desenterró fragmentos de información acerca de su pasado que nadie había tenido en cuenta. Por ejemplo, sus raíces argentinas y su conexión con Nueva York. "Yo odiaba mi educación judía ortodoxa de Buenos Aires -le dijo Staflovich-. Todo en ella era derivado. La América de habla hispana es pura imitación. Lucha por ser como Europa, como los Estados Unidos; pero nunca lo será..." Y sobre Nueva York, dijo:

"Cubría mis gastos de manutención con el legado que recibí después de la muerte de mi madre. Siempre pensé que esta ciudad era la más cercana a Dios, no porque fuese más auténtica -que obviamente no es-, sino porque ninguna otra metrópoli del mundo se le acerca siquiera en la cantidad de fotocopiado que se hace normalmente. En Manhattan se hacen millones y millones de copias diariamente. Pero todo lo demás -arquitectura, las artes, la literatura- es también una imitación, si bien una imitación disimulada. A diferencia del resto de América, Nueva York no lucha por ser como ningún otro sitio. Simplemente se remeda a sí misma. Allí estriba su verdadera originalidad".

      Hacia el final de la semblanza, el autor le concede a Staflovich un momento de franqueza cuando le pregunta acerca de "su misión", y leyendo esta parte, repentinamente recordé que fue su misión acerca de lo que me habló más elocuentemente en la estación del subterráneo. 
      -¿Se habría dado cuenta la policía de que las copias Xerox que están en mi apartamento están todas incompletas? –pregunta- ¿Habrían verificado cada paquete y visto que a todos les falta una sola página. 
      -¿Eliminó usted esa sola página? - le pregunta el entrevistador. 
      -Sí, por supuesto. Lo hice para dejar un cuadro más claro y convincente de nuestro universo, siempre esforzándose por su realización, sin conseguirla realmente nunca. 
      -¿Y qué hizo con esas páginas faltantes? 
      - Ah, he ahí el secreto... Mi sueño era servir como intermediario en la producción de una obra maestra que reflejara verazmente los caminos inescrutables de la mente de Dios: un libro hecho al azar, arbitrariamente, con páginas de otros libros. Pero ésta es una tarea condenada al fracaso, irrealizable, por supuesto, y por esto dejé esas páginas desprendidas en los cestos de basura de los centros de copiado que frecuentaba.  
      Cuando leí este renglón, inmediatamente pensé en la genizah de Morris y en cómo la misión de Staflovich no tenía que ver con la duplicación sino con la creación. Rápidamente bajé las escaleras hacia Foxy Copies. Morris era seguramente el único propietario de un centro de copiado que tuvo el sentido común de rescatar las copias descartadas. Todavía tenía conmigo la página de Maimónides, pero deseaba desesperadamente poner mis manos en las páginas restantes del montón, para estudiadas, para captar el caos acerca del que Staflovich hablaba con tanto entusiasmo."Paralipómena" : éste es el legado que me dejó Xerox Man, me dije. 
      Morris no se encontraba en el centro de copiado pero uno de sus empleados me dijo, cuando le expliqué mi intención que el personal de la empresa de reciclaje había venido para limpiar la trastienda apenas dos días antes.

 
 
 

Ilán Stavans                                               una entrevista testimonial

Escritor diaspórico

Jacqueline Goldberg 
jgoldbergk@etheron.net

Mayo de 2000

El escritor mexicano Ilan Stavans pasó por Caracas en volandas para presentar su último libro, La condición hispánica, sobre el splanglish en los Estados Unidos, país donde reside desde hace varios años. En una entrevista especial para Nuevo Mundo Israelita se detuvo en los filones de la diáspora latinoamericana, tejiendo su percepción crítica desde los parajes de la autobiografía.

Dos días en Caracas bastaron a Ilan Stavans para ofrecer un puñado de entrevistas, almorzar con los amigos —que no son pocos por estos lares— y presentar su más reciente trabajo en el marco de la Feria del Libro.

El escritor nacido en México en 1961 es autor de una prolífica obra que incluye en español La pianista manca y otras historias y La condición Hispánica.. Asimismo en inglés pueden leerse Art and Anger: Essays on Politics and Imagination; Tropical Synagogues: Short Stories by Jewish Latin American Writers; The Hispanic Condition: Reflections on Culture and Identity in America, The Oxford Book of Latin American Essays.

Stavans obtuvo en 1992 el Premio Latino de Literatura, en 1994 fue nominado para el National Book Critics Award for Excellence in Reviewing, y en 1998 la beca Guggenheim. Actualmente es profesor del departamento de español de Amherst College en Massachusetts y editor de la prestigiosa serie Jewish Latin American de la Universidad de Nuevo México, enfocada hacia la traducción y promoción de escritores latinoamericanos judíos en los Estados Unidos.

Stavans, hijo de un actor del teatro yiddish y de telenovelas, comenzó a escribir en la adolescencia, cuando la vena artística del hogar lo estimulaba a expresarse más allá de las palabras cotidianas. Sus abuelos paternos y maternos, provenientes de Polonia y Ucrania, formaron parte de esa primera oleada migratoria que conformó a partir de los años 30 la comunidad ashkenazí mexicana. El destino lo llevó hace una década ya al país del norte, desde donde ha podido mirar con otra sensibilidad el gran laboratorio de metáforas que para él constituye América Latina.

—¿Es posible ser judío y mexicano a la vez?

—Nací en México por accidente. Estoy muy agradecido con mi país natal por haberle abierto las puertas a mis ancestros cuando huían de Europa, pero muchos de ellos sólo soñaban con asentarse en los Estados Unidos y terminaron quedándose en el país azteca porque les fue muy bien. México es un país increíblemente generoso, su gente es de corazón abierto y ha hecho sentir a los inmigrantes judíos como en su casa. Sin embargo, uno nunca termina de sentirse mexicano del todo. Esa dialéctica genera una sensación de ser y no ser. Crecí sintiéndome como una especie de huésped que rentó una casa que nunca llegaría a ser propia.

—¿Es un callejón sin salida?

—En mi caso eso se ha resuelto con mi emigración a los Estados Unidos, que ha creado una especie de triángulo, donde la tensión que había entre ser judío y mexicano quedó perfectamente balanceada por la presencia de una tercera identidad. Ahora no me siento forzado a decidir, a presentarme bajo ninguna nacionalidad. Siento que las tres identidades se ayudan.

—¿Porqué se fue de México?

—No me canso de decir que la razón de mi emigración fue el que yo quería ser un escritor judío y allá encontraba dos obstáculos. Por un lado, en México no hay todavía un lectorado interesado en el tema, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, donde el libro entra en el mercado automáticamente puesto que el tema interesa. Por otra parte, la comunidad judía mexicana no está dispuesta a la crítica. Cuando escribí mi libro La pianista manca, fue bien recibido, pero por ser una novela crítica sobre la comunidad no circuló adecuadamente.

—¿Cómo desenredar el asunto?

—La sensación de asfixia me llevó a pensar que quizá en Israel encontraría un balance y por una época me fui para allá. Amo a Israel pero nunca he sido sionista y no me sentí bien. Soy un judío diaspórico por excelencia, me siento bien entre una mayoría que no es judía. Pero no en un sitio donde la minoría judía se aísla y vive en un gueto.

—¿Ha trabajado en ello?

—Es un tema sobre el que he estado reflexionando y escribiendo últimamente. Escribí un libro que está a punto de salir en el que abordo el tema a través de varios textos. Uno de ellos es sobre mi abuela, que vino de Europa del este en la década de los 20. La tomo como excusa para hablar del proceso de emigración y asimilación en Ciudad de México, así como de la fundación de instituciones de infraestructura de la comunidad. Luego, hay otro capitulo sobre la relación de mi abuela con mi padre y esto como excusa para ver qué pasó con la segunda generación dentro de la cultura askenazi, pero siempre con un tono de ambigüedad entre lo mexicano y lo judío. Finalmente, los últimos capítulos son sobre la tercera generación y cómo cada quien busca su propia trayectoria.

—¿Se puede realmente ser un judío latinoamericano?

—Me siento más judío latinoamericano desde que vivo fuera de América Latina. Se puede más bien ser un intelectual judío latinoamericano, pero para ello hay que vivir al margen de la comunidad. Para ser escritor tienes que estar de alguna manera descontento. Eso no significa vivir en la miseria emocional. Pero si estuvieras contento no tendrías porque escribir. La escritura es un intento de arreglar el mundo, explicarlo y mejorarlo. En el contexto de los escritores judíos en cualquier parte del mundo, eso se da a partir de la tensión entre dos culturas que chocan: la rusa y la judía en el caso de Isaac Babel, la checa y la judía en Franz Kafka. En ese sentido los judíos latinoamericanos no somos una excepción.

—¿Funciona la autocrítica?

—Son pocas las comunidades judías urbanas que aceptan la autocrítica, pues por su propio metabolismo necesitan cerrarse para sobrevivir y ese es un mecanismo fundamental que nos hace estar donde estamos. Pero al mismo tiempo ese mecanismo aborta a ciertos elementos que cuando jóvenes son vistos como peligrosos porque critican, pero que en última instancia lo que necesita es simplemente quejarse.

—¿Para quien escribe un judío?

—Si se escribe una novela crítica sobre la comunidad ella misma no va a querer leerla y si se escribe para afuera se resulta un hereje. La población nacional quizá se interese si la novela tiene ciertos elementos laicos o locales. Pero la comunidad judía hará lo posible para que ese libro no llegue muy lejos. Hay casos en Argentina y Brasil donde se han publicado novelas muy duras y la familia o la comunidad han comprado la edición completa para que no se distribuya, convirtiéndola inmediatamente en una especie de best seller, pero sin lectores.

—¿Desde cuando hay conciencia de literatura judía en Estados Unidos?

—Los libros judíos se distribuyen y leen muy bien en Estados Unidos desde 1950. Saul Bellow escribe una novela y la lee todo el mundo y no por ser precisamente un precursor. Antes de él estaban muchos otros que escribieron a finales del siglo pasado y en los años 20, cuando la transición del yiddish al inglés, momento en que la literatura no es ya intraétnica sino que cruza fronteras y es leída por una gran población.

—¿Y quién lee a los escritores judíos latinoamericanos?

—En el contexto norteamericano tienen un gran público y en ello ocurre un fenómeno muy particular. Los judíos latinoamericanos escribimos novelas o cuentos en español desde 1910, cuando se publica en Argentina el primer texto judío oficialmente reconocido, Los gauchos Judíos. Antes de él y después han existido textos en yidish que, sobre todo en Cuba, Brasil, Argentina y México, tratan de fungir como una especie de espejo del proceso de asimilación. Pero el libro de Los gauchos judíos inaugura la tradición que yo llamo cervantina, que es la de considerar al español como el idioma de comunicación y vehículo para narrar las aventuras de los judíos en el continente. Cervantes no es un accidente pues Berchurov era un amante del escritor español y quería cambiar del yiddish de Sholem Alejem al español de Cervantes para emular al Quijote. Aunque a mi gusto el Quijote no está tan bien escrito, pero eso es otra cosa…

—¿Ser judío es una ventaja?

—Claro que sí. Esa ambigüedad del escritor judío es materia prima para su trabajo. Sin ella no habrían escrito Kafka o Babel. El que vivamos consumidos por preguntas como quién soy, cuál es mi identidad, terminan forzándonos a tratar de escribir un libro que solucione o responda a esas preguntas. Esa ambigüedad es por tanto lo que define la Serie que dirijo en la Universidad de Nuevo México. El hecho de que Moacyr Scliar en Brasil describa lo que es ser brasileño y judío a través de personajes inventados, de alguna manera le sirve al argentino para verse reflejado.

—¿Porqué una colección en inglés?

—El inglés es hoy como el yiddish en el siglo XIX, una lengua franca. Es casi como traducir a los escritores judíos a una lengua judía que nos permite una comunicación mundial mucho más directa que en hebreo o en español.

—¿De que manera contribuye la serie que dirige?

—Por razones políticas e intelectuales, muchos de los escritores judíos no viven en América Latina sino en Israel o Estados Unidos. La idea de la Serie es crear una especie de isla artificial con un función doble. Por una parte, introducir en los Estados Unidos una literatura nueva, pues ese país está muy interesado en la cultura judía en general y sobre todo en disposición de ir más allá de las fronteras nacionales, interesándose en lo que ocurre con los judíos en distintos lugares del mundo. Por otro lado y he ahí la contradicción, la Serie trata de crear una tradición que no existe debido a que ni siquiera existe una tradición continental con la literatura en general. La serie no busca presentar a los autores como entidades locales sino continentales, sin proponer influencias. La idea es mostrar que, aún comunidades aisladas por razones históricas distintas, han producido textos muy interesantes. El norteamericano tiene el privilegio de leer estas obras en un tiempo en el que ni siquiera los latinoamericanos conocen lo que ocurre un otros países. Mi sueño es que la Serie tenga mucho éxito y que en Argentina, por ejemplo, se puedan publicar luego las novelas de los mexicanos, venezolanos, cubanos; que en el continente podamos leernos los unos a los otros en la lengua original.

—¿Es la literatura judía una rareza en los terrenos multiétnicos gringos?

—El público norteamericano quiere leer literatura latinoamericana no porque sea algo exótico, sino porque existe y quieren profundizar en su conocimiento. En Estados Unidos se lee con una visión literaria pero también antropológica. Y estas novelas, hay que reconocerlo, son producto de una necesidad antropológica de explicar quiénes somos. No hemos llegado en nuestra tradición a producir novelas donde la antropología quede atrás. No ha habido una figura catártica que revalúe la tradición y la lleve un paso más allá.

—¿Hay madera para ello?

—Las comunidades judías de América Latina conforman el cuarto centro de población más importante del mundo judío. Hay más judíos aquí que Europa, África y Australia. Y sin embargo, sabemos tan poco de nosotros. Han pasado ya los años suficientes para dejar saber a otros quiénes somos y qué hemos hecho, así como para darnos el lujo de montar una infraestructura editorial. Entre los judíos latinos hay una creatividad fabulosa y se pueden escribir grandes obras.

—¿Porqué impulsar esa literatura desde tan lejos?

—Gabriel García Márquez decía en alguna ocasión que para tener éxito en América Latina alguien tenía que reconocerte en Estados Unidos y si un libro está en traducción tus colegas de Bogotá te leen en el original. Creo que hay algo de eso, un sentimiento de inferioridad que nos dice que si nos leen en el norte hemos llegado.