
Los apuntes
de Eve Gil y su retrato hecho con tinta y amor.
EL GÉNERO POLIFACÉTICO
EVE GIL
El ensayo, como género
literario, ha pasado por dos periodos luminosos y, presiento, está
por vivir un tercero. El primero, por supuesto, tuvo lugar en el instante
en que Michel de Montaigne lo instituyó formalmente como género literario.
El segundo tuvo relación con el auge del periodismo en Europa, a principios
del siglo XX, que obligó a algunos autores, a Virginia Woolf entre
ellos, a adoptar sus textos a la exigencia del nuevo formato, lo que
daría pie a géneros periodísticos como el artículo y la columna
de opinión.
El
tercero, y en esto pudiera coincidir conmigo Liliana Weinberg, de las
mayores autoridades académicas del género a nivel mundial, sucede
justo ahora, en que el ensayo se confunde cada vez más con la novela…
si bien, desde Montaigne se le asoció con la poesía y llegó a ser
más un género poético que meramente literario durante el romanticismo.
“(…) en el caso de Barthes –continúa Weinberg –propondrá también
que en el caso del ensayo se trata de una novela sin nombres propios
y en esta línea se lo podrá contemplar como Bildungsroman, novela de aprendizaje o autoconstrucción del yo.” (p. 17).
Estos
son apenas un par de los aspectos del apasionante libro Pensar el
ensayo, de la antedicha Liliana Weinberg, autora de origen argentino,
radicada en México desde hace varios años y profesora de la Facultad
de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha consagrado prácticamente toda
su obra a estudiar el género ensayístico –El ensayo: entre el
paraíso y el infierno (2001), Umbrales del ensayo (2004) y Situación del ensayo (2006)- y con el presente título obtuvo el prestigiado Premio Internacional
de Ensayo 2006, convocado por Editorial Siglo XXI, la Universidad Autónoma
de Sinaloa y El Colegio de Sinaloa.
Pensar
el ensayo es un ensayo-sobre-el-ensayo, pero también es mucho más
que eso: es un viaje (y la sensación de “viaje”, nos dice Weinberg,
es otra de las características del género ensayístico) a través
del archipiélago que conforman el género, sus antecedentes históricos
y su naturaleza, hasta conformar un vasto territorio de luz para el
entendimiento del lector. Considero preciso aclarar que, no obstante
su formación académica, Weinberg ha escrito un libro entretenido,
claro y accesible para quienes recelan de la teoría… uno de sus capítulos,
de hecho, está dedicado a la fricción típica literatura/ academia
y, entre otras cosas, demuestra qué tan coincidentes pueden llegar
a ser la noción academicista, representada aquí por George Lukács,
y la literaria, representada por Virginia Woolf, a quien, además, Weinberg
sitúa como la escritora/lectora prototípica del ensayista. La autora,
sin embargo, brinda muchos más ejemplos de literatos que de teóricos,
con lo cual no necesariamente confirma que aquellos son más dueños
del género que estos. Y es que, ante todo, el ensayo es un ejercicio
de libertad: “(…) Es preciso entonces recordar que el ensayo surge
como ruptura con el orden de la escolástica y como liberación de los
cánones de la retórica tradicional, como resistencia a sus reglas,
a las construcciones formales y como ruptura con las fronteras genéricas
predeterminadas (…) Hay así, de manera análoga, un ensayo que vive
en el libro y un ensayo que vive en la lectura (…)” (p. 133).
Así,
entonces, el ensayo es viaje, poema, bildungsroman, metalectura, prosa de la prosa, género de resistencia… y muchas cosas
más. Y cada una de sus facetas es revisada, comentada y subrayada por
Liliana Weinberg, de cuya lectura salimos no solo refrescados –porque
no existe actualización sin recuperación de los antecedentes históricos
y la comprensión de la evolución de los mismos- sino deseosos de realizar
nuestra muy personal lectura de la lectura, es decir, una metalectura…
un ensayo del ensayo elaborado, además, a partir del género ensayístico.
Pensar el ensayo
Liliana Weinberg
Siglo XXI
México, 2007
225 pps